Durante todo este tiempo, sin embargo, sus dedos, medio inconscientemente, estaban ocupados con el nudo, y mirando a la cabeza ceñida con guirnalda de flores que estaba en la tapa de la caja encantada, le pareció que le hacía una mueca.
—Esta cara parece que me mira con malicia—pensó Pandora—. Puede que se ría porque estoy haciendo una cosa mal hecha. ¡Me dan unas ganas de echar a correr!...
Pero precisamente entonces, por casualidad, dió al nudo una vuelta, que produjo un resultado maravilloso. La cuerda de oro se desató sola, como por magia, y dejó la caja sin cierre de ninguna clase.
—¡Qué cosa más extraña!—dijo Pandora—. ¿Qué va a decir Epimeteo? ¿Y cómo me las voy a arreglar para hacer otra vez el nudo?
Intentó una o dos veces volver a anudarlo, pero pronto comprendió que no tenía habilidad para tanto. Se había desatado tan repentinamente, que no podía recordar cómo estaba hecho; y cuando intentaba recordar su forma y aspecto primitivos, parecía escapársele por completo de la memoria. No podía hacer otra cosa que dejar la caja como estaba, hasta que Epimeteo volviese.
—Pero—dijo Pandora—cuando se encuentre el nudo desatado, querrá saber quién lo desató. ¿Cómo le voy a hacer creer que no he mirado lo que hay dentro de la caja?
Entonces, en su corazoncillo perverso nació la idea de que, puesto que de todos modos habían de sospechar que había mirado dentro de la caja, más valía mirar de verdad. ¡Oh, loca y curiosa Pandora! Podías haber pensado en hacer lo que era debido y en dejar como estaba lo que ya habías hecho, y no en lo que tu compañero Epimeteo fuera a decir o a pensar. Y así hubiera sucedido, tal vez, si la cara encantada de la tapa de la caja no la hubiese mirado de modo tan incitante y tan persuasivo, y si no le hubiera parecido oir más claro que nunca el murmullo de vocecitas dentro. No podía saber si era imaginación o no, pero en sus oídos había como un pequeño tumulto de murmullos... Acaso era su curiosidad misma la que murmuraba:
—¡Déjanos salir, querida Pandora...; por favor, déjanos salir! ¡Si vieras qué buenos compañeros vamos a ser para ti! ¡Déjanos salir y verás!
—¿Qué será?—pensó Pandora—. ¿Habrá algo vivo en la caja? ¡Sea lo que quiera, estoy decidida a verlo! ¡Sólo una miradita, y luego vuelvo a cerrar la caja como antes! ¿Qué mal puede haber en que mire un poquito?
Pero ya es hora de que sepamos qué estaba haciendo Epimeteo.