—¿Quieres que vuelva a levantar la tapa?—preguntó Pandora.

—Haz lo que te parezca—dijo Epimeteo—. Ya has hecho tanto daño, que puede que no importe que hagas un poco más. Un mal, añadido al enjambre que has echado a volar por el mundo, no significa nada.

—Podías hablarme con mejores modos—murmuró Pandora, limpiándose los ojos.

—¡Ah, niño, niño!—exclamó la voz dentro de la caja en tono medio serio, medio de burla—. De sobra sabes tú que estás deseando verme. Ven, Pandora, ven; levanta la tapa. Tengo prisa por consolaros. Déjame que respire un poco el aire libre, y ya veréis cómo las cosas no son tan tristes como os parecen.

—Epimeteo—exclamó Pandora—, pase lo que pase, estoy decidida a abrir la caja.

—Y como me parece que la tapa pesa mucho—exclamó Epimeteo corriendo por la habitación—, te ayudaré.

Así, de común acuerdo, los dos niños levantaron de nuevo la tapa. Salió volando una radiante y sonriente mujercita, que revoloteó por toda la habitación, arrojando luz por dondequiera que pasaba. ¿No habéis hecho bailar nunca un rayo de sol con un pedazo de espejo? Pues eso parecía el alado regocijo de aquella mujercita como un hada, en la obscuridad triste de la habitación. Voló hacia Epimeteo y puso ligeramente el dedo en el sitio en que el mal le había picado, e inmediatamente cesó el dolor. Luego besó a Pandora en la frente, y también curó el daño.

Después de realizar esta buena obra, la alegre desconocida revoloteó juguetonamente sobre las cabezas de los dos niños, y los miró tan dulcemente, que ambos empezaron a creer que no era realmente tan malo haber abierto la caja, puesto que, de otro modo, su gozosa huéspeda se hubiese quedado prisionera para siempre entre aquellos malvados duendes con sus aguijones en la cola.

—¿Quién eres, hermosa criatura?—preguntó Pandora.

—¡Hay que llamarme Esperanza!—respondió la mujercita—. Y porque soy tan alegre y sé dar tanto ánimo, aunque soy tan pequeña, me encerraron en la caja, para consolar al género humano de todo el enjambre de males que estaba destinado a caer sobre ellos. ¡No temáis! Ya veréis cómo lo pasamos muy bien, a pesar de todos.