«Sabido es por todo el mundo (allí también hay un mundo tan grande como un planeta y un planeta de los de menor cuantía del sistema solar), que los observatorios astronómicos costeados liberalmente por el Estado en interés de la noble causa de la ciencia, descubrieron, a principios del siglo, que estaba habitado nuestro vecino y colega el astro opaco número tres, conocido vulgarmente con el nombre de Azul. Desde entonces se organizó, merced a la generosidad de los poderes públicos, un sistema de señales luminosas, por medio de inmensos focos eléctricos situados a grandes distancias, a fin de ver si aquellos telescópicos seres querían ponerse en relación con nuestros sabios. Pues bien; al cabo de muchos años de tentativas infructuosas, según un telefonema que acabamos de recibir, los astrónomos de aquí han logrado tener un diálogo con sus colegas del otro mundo, los cuales, advirtiendo nuestras señales, adoptaron un sistema análogo para contestarnos. Al efecto establecieron un telégrafo óptico compuesto de tres inmensos focos de luz eléctrica formando un triángulo equilátero, de un décimo de meridiano cada lado, de manera que aquellos proyectaran destellos a intervalos y constituyesen una especie de alfabeto. La interpretación fue al principio dificultosa; pero algunos arqueólogos versados en el conocimiento de las escrituras antiguas cayeron en la cuenta de que los signos de los habitantes del Azul para representar las letras tenían muchos puntos de semejanza con los que emplearon ha bastantes siglos nuestros antepasados, cuando el telégrafo estaba en la infancia. Más ardua fue la empresa de adoptar un lenguaje convencional; pero cuando tanto se ha progresado en los procedimientos inductivos, ¿puede sorprender a nadie que los sabios de ambos cuerpos celestes llegaran a entenderse hasta el punto de sostener conversaciones interplanetarias?

»Gracias a ellas se ha descorrido el velo del astro misterioso, objeto durante tantos siglos de las cavilaciones de los astrónomos. Ya sabemos que al planeta que nosotros designamos con el nombre de Azul le llaman sus naturales Tierra, y que el habitado por nosotros es conocido por ellos con la denominación de Marte.

»Pueblan aquel globo 1.400 millones de seres humanos, según la opinión de varios geógrafos, aunque otros reducen esta cifra, de lo cual se infiere lo atrasada que anda allí la estadística.

»La inmensa mayoría de sus habitantes vive sumida en la más vergonzosa barbarie, y el resto, que blasona de civilizado, se encuentra, a lo sumo, en el grado de perfección y adelantamiento que teníamos hace diez siglos, en aquella era histórica que calificamos de semiculta.

»Aunque de pocos años a esta parte se han realizado algunos progresos, los medios de comunicación son toscos e imperfectos. Los terrícolas emplean todavía el vapor de agua, lo cual exige máquinas complicadas, y, sobre todo, pesadísimas y costosas. La ciencia eléctrica está en la infancia. No han encontrado el procedimiento práctico y económico de utilizar la electricidad como única fuerza motriz. Desconocen en absoluto el fluido vital y el que llamamos innominado, cuyo descubrimiento tan gran revolución produjo en la mecánica.

»Las dificultades de la locomoción, inherentes al atraso de la Física, unidas a la extraña organización de sociedades que no reconocen en el individuo el derecho de viajar gratuitamente, como sucede aquí, en transportes que constituyen un servicio público, obligan a la generalidad de dichos seres a vivir adheridos a la tierra que los vio nacer, y de aquí que el medio ambiente ejerza tanta influencia sobre ellos, hasta el punto de que para muchos el concepto de la patria se limita a la reunión de unos cuantos edificios, y, a lo sumo, a un accidente geográfico o histórico.

»Esta forzada vida sedentaria da lugar a que subsistan aún en la Tierra numerosas nacionalidades con sendas lenguas, variedad de costumbres y diversos Estados.

»¡Cuán imperfecta la organización de estos!

»Los más bárbaros están regidos por el capricho de un individuo, y los más adelantados por las pasiones de unos cuantos; pero en todos los países siempre son los gobiernos los que viven a costa de los pueblos: les falta descubrir el sistema de que sea el pueblo el que viva a costa de su gobierno.