—¿De dónde eres?
—Nací en Bethsaida.
—¡Saida! Alguacil, ¿dónde está este pueblo?
—Lo que es en la Mancha no está —contestó el interpelado, que, como cartero, tenía sus ínfulas de perito geógrafo—. Este nombre me huele así a cosa de África.
—¡África, eh! ¡Bueno! ¿Tu nombre, peregrino?
—Santiago.
—¿Apellido paterno y materno?
—Mi padre se llamaba Zebedeo y mi madre Salomé —dijo el Apóstol que no sabía decir una cosa por otra.
—Bien, pues decreto al canto: Habiendo sido preso por indocumentado Santiago Zebedeo y Salomé, de profesión romero, con un caballo que no debe ser suyo, ordeno y mando: primero, que el caballo quede en mi cuadra a las resultas; y segundo, que el susodicho Santiago sea conducido por tránsitos de justicia a disposición del señor Gobernador civil de la provincia de Santander.