Mas como el común peligro fue siempre medianero de unión y de concordia entre los desavenidos, apenas se supo por boca del exsecretario
que en aquellos momentos históricos se estaba formando el partido de los independientes, que con tal nombre bautizaron en el acto a los del corro de la plaza, el Alcalde, que no se dignaba inclinar su erguida y majestuosa frente, ni aun en señal de saludo, ante sus concejiles adversarios, dando rienda suelta al noble y generoso impulso de su pecho, propuso a la mesa la formación de una candidatura de transacción y de conciliación, en la cual estuviesen representadas las dos colectividades que, ya a regañadientes, ya a palo limpio, se disputaban el gobierno y el pueblo.
Ardua era de suyo la empresa, porque de los siete concejales que debían elegirse para la renovación del Ayuntamiento, no ofrecía el alcalde más que tres puestos a los adversarios. Porfiaban estos que querían cinco, y en este regateo les sorprendió el elector independiente de que he hablado.
A su presencia turbose el Alcalde, y viendo en su imaginación llover electores sobre el colegio seguidos del notario para que diese testimonio del escrutinio, por si no se jugaba limpio, cedió en el acto a las exigencias del contrario bando y se prestó a todo: que de leves causas proceden muchas veces las graves resoluciones y los sucesos trascendentales.
Conciliadas las opuestas parcialidades y convenida la fórmula, seis hombres de corazón luciéronse fuertes en la estrecha escalera que daba acceso al colegio electoral, resueltos a defender aquel sagrado recinto de los ojos profanos, indiscretos o curiosos que pretendiesen turbar la majestad del escrutinio; arrellanose el Alcalde en la silla presidencial, repartió cigarrillos a los interventores, y dando un palo a la mesa con el bastón de autoridad, exclamó:
—¡Que vengan electores!
Entretanto los secretarios procedían a la redacción del acta, en la cual aparecían como votantes cuantos electores arrojaba el censo, incluso los difuntos; que aquella gente no reparaba en cosas de poca monta cuando tenía las manos en la masa.