Reuniose poco después el Consejo de guerra, actuando de presidente el comandante del barco, de fiscal un teniente de navío, y de defensor un alférez, siendo condenados a muerte cinco de los reos, oído el dictamen del médico de a bordo, quien sostuvo que todos gozaban de cabal juicio.
Al conocer la sentencia, dirigí una carta al comandante exponiéndole las opiniones incontrovertibles del doctor Lombroso en su notable estudio antropológico y médico legal El criminal, y protestando en formas corteses y muy respetuosas contra el fallo, que, en mi concepto, recaía en personas reconocidamente faltas de juicio, no pudiéndose suponer en ellas el libre albedrío, so pena de incurrir en grave error metafísico.
El comandante contestó a mi carta imponiéndome tres días de barra, y los cinco reos, sujetos con fuertes ligaduras a las serviolas, fueron pasados por las armas.
Los otros deportados, testigos de aquel terrible espectáculo, lejos de excitarse más y más, como yo temía, sobrecogidos de espanto, dieron manifiestos indicios de lucidez durante el resto del viaje, lo cual me ha sugerido la publicación de un opúsculo con el título de Influencia del miedo en los enajenados o La razón al alcance de los dementes, por temor al castigo.
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Colonia de la Anarquía (isla de Yap), 21 de Junio de 18...
Hoy queda instalada esta colonia en el centro de la isla, sobre una eminencia, rodeada de magníficos cocoteros, donde se levanta un edificio de madera con destino a los deportados. El destacamento de tropa que nos acompañó hasta aquí, regresa a Tomil, dejándonos víveres abundantes, aperos de labranza y semillas para el cultivo.
Tengo un vasto proyecto de colonización, pero me faltan mujeres: todos los deportados son solteros. He estudiado frenológicamente a las indígenas, y me he persuadido de que no deben en manera alguna unirse con los deportados: resultaría una prole monstruosa de dementes. Yo creo y entiendo que la primera obligación de la ciencia es impedirlo y procurar el perfeccionamiento de la especie humana y que la razón se perpetúe sobre la tierra por medio de matrimonios fundados en la organización cerebral de los contrayentes. ¡Ah! ¡De otra suerte andaría la humanidad, si las autoridades que intervienen en la celebración de aquellos, exigiesen previamente a los novios certificados de los peritos frenólogos; pero nuestros legisladores no se ocupan mas que en política, y no han caído aún en la cuenta de los funestos efectos del atavismo! — ¡Si deseáis mejorar la sociedad, les diría yo: si queréis impedir los tremendos crímenes que llenan de espanto al mundo civilizado, no debéis pensar en leyes represivas, sino en corregir la configuración de los futuros cráneos!
Creo, por lo tanto, que convendría la inserción en varios periódicos del siguiente anuncio: