—Todavía no—articuló ella.

—¿No tenéis confianza? ¿Parezco yo un hombre que os hace la corte?

—Cada uno tiene su modo de hacerla—dijo ella con imperceptible sonrisa.

—Confesad que la mía sería singular.

Púsose a jugar con mano febril con algunos objetos que había sobre la mesa; sus ojos se detuvieron en una fotografía del pequeño Roberto; tomola y contemplola atentamente.

—Es lindo mi hijo, ¿no es verdad?

—¡Precioso! ¿Por qué lo tomasteis en vuestros brazos cuando yo entré?

—No sé, por casualidad.

—No, no fue el acaso... Queríaisme decir con ello: Si vienes como amigo, enhorabuena; si vienes como enamorado, he aquí mi respuesta.

—Es verdad... ¿No os parece buena?