—¿Es buena contigo tu mamá?

—Muy buena.

—¿Tú la quieres mucho?

—Mucho... pero a ti más que a ella... Me voy a jugar... pero bajo los árboles... no al sol... no tengas cuidado.

Iba a salir; Fabrice la llamó.

—¡Ven, alma mía!... voy a preguntarte una cosa... ¡Ven, corazón mío!

Tomó la cabeza de Marcelita entre sus manos y mirándola fijamente:

—Marcelita... vas a decirme... una cosa...

—¿El qué papá?

Titubeó algunos segundos; en seguida, bruscamente, sonriendo con amarga sonrisa: