Aunque demostrando su agradecimiento, manifestó Fabrice dudas y empacho en admitir las ofertas de la baronesa. Pedro insistió: se pondría a la niña una doncella, con el exclusivo objeto de que la cuidase; el médico iría a verla diariamente... En fin, el artista, pareciendo tomar con esfuerzo una resolución ingrata, preguntó a Pedro si podía concederle media hora de atención para escucharlo.

—¡Media hora!... y una... cuantas quieras.

—Siéntate, entonces—le dijo Fabrice mostrándole un ancho diván que ocupaba uno de los ángulos del taller. Sentóse Jacques junto al marqués y comenzó así su diálogo, con voz turbada:

—Voy a ser sin duda indiscreto... Pero, ¿debo entender que, según me has dicho, abandonas los Genets libre de todo compromiso y aun toda idea que se refiera a matrimonio? ¿He comprendido bien?... ¿Es así?

—Has comprendido bien... así es.

—¡Pues bien!... me sorprendes... yo hubiera jurado que amabas a la señorita de Sardonne, y aun que pensabas casarte con ella.

—¡Singular idea!...—dijo fríamente Pierrepont—. No, te equivocas; conozco a la señorita de Sardonne desde su niñez y le tengo cierto afecto... Eso es todo... Sabes, además, que mi fortuna es escasa y que ella nada tiene... un matrimonio entre los dos sería una locura.

—Puesto que ahí están las cosas, voy a hacerte una franca confidencia. En la misma carta que se me participó que mi hija estaba indispuesta, se me decía también que ya se hallaba restablecida, y no hubiera regresado a París si no hubiese creído que debía aprovechar la ocasión para poner a mis relaciones de amistad con Beatriz un punto final. Quería romper, si ya era tiempo, la fascinación que sobre mí ejercía, considerándola no sólo peligrosa para mi reposo, sino, lo que es más, desleal hacia ti.

—Esos escrúpulos son dignos de tu caballerosidad, maestro queridísimo, pero son infundados... y si abrigas, como me parece comprenderlo, proyectos acerca, de la señorita de Sardonne, no tienes que temer, te lo repito, ninguna rivalidad por mi parte.

—Me dispensarás que te diga, caro marqués, que tus explicaciones no me satisfacen... La señorita de Sardonne es casi de tu familia, y nuestras conexiones de amistad son tales que no podrían abandonarme a mis proyectos acerca de aquella joven sin obtener de antemano tu aprobación.