—¿Se casó usted muy joven?

—Sí, muy joven.

—¿Y ese angelito no tiene más parientes que usted?

—Tiene un tío... hermano de su madre.

—Es religioso, ¿no es verdad? ¿En los Oiseaux, me parece?

—No, señorita, en la Asunción d'Auteuil.

—¡Ah! sí, conozco... allí se está muy bien... es un paraíso... Pero, ¡Dios mío! Señor Fabrice, qué mal está mi enredadera... se diría de estuco... no tiene aire... ¡Decididamente, esto no marcha!... Pierdo la fe, señor Fabrice.

—No tiene usted razón, señorita... aseguro a usted que ha hecho serios progresos.

—Sí, pero nunca seré pintora... no tengo talento... ¿no es verdad?

—Perdón—respondió el pintor con su habitual sinceridad un poco ruda—. Tiene usted un muy cumplido talento de aficionada.