Este triste suceso de familia ha hecho pesar sobre mí cuidados y deberes de que tenía necesidad para justificar á mis propios ojos la prolongación de mi morada en la casa. Me es imposible concebir en virtud de qué motivos el señor Laubepin me ha aconsejado que demorare mi partida. ¿Qué puedo esperar de este aplazamiento? Me parece que esta circunstancia ha cedido á una especie de vaga superstición y de debilidad pueril, á que no debía haberse doblegado jamás una alma de su temple y á la que yo mismo he hecho mal en someterme. ¿Cómo no comprendí que me imponía con un aumento de inútil sufrimiento, un papel sin franqueza y sin dignidad? ¿Qué haré yo en adelante? ¿No es ahora cuando con justo motivo, podría reprochárseme el jugar con los sentimientos más sagrados? Mi primera entrevista con la señorita Margarita había bastado para revelarme todo el rigor, toda la imposibilidad de la prueba á que me hallaba condenado, cuando la muerte del señor Laroque ha venido á dar por corto tiempo á mis relaciones alguna naturalidad, y una especie de bienestar á mi permanencia en el castillo.

Rennes, 16 de octubre.

Todo está dicho, ¡Dios mío! ¡Cuán fuerte era este lazo! ¡De qué manera envolvía mi corazón! ¡Hasta qué punto le ha despedazado al romperse!

Ayer en la noche, cerca de las nueve, me hallaba yo de codos en mi ventana abierta, cuando fuí sorprendido por una débil luz que se aproximaba á mi habitación á través de los sombríos caminos del parque, y en una dirección que no acostumbran traer las gentes del castillo. Un instante después llamaron á mi puerta, y la señorita de Porhoet entró jadeando.

—Primo—me dijo—tengo que hablar á usted.

—¿Hay alguna desgracia?—le pregunté, mirándola á la cara.

—No, no es eso precisamente. Usted mismo juzgará. Siéntese. Mi querido hijo; ha pasado usted dos ó tres noches en el castillo durante la presente semana ¿no ha observado en él nada nuevo ni de singular, en la actitud de las señoras?...

—Nada.

—¿No ha notado al menos en su fisonomía una especie de serenidad no acostumbrada?...

—Sí, tal vez... Apartando la melancolía del reciente duelo me han parecido más serenas, y aún más dichosas que en otro tiempo.