La imprudente Corina tratando de desembarazarse de la carga que lleva en su seno, se expone ella misma á perder la vida. Ciertamente por haber afrontado, sin saberlo, tan gran peligro, merecia toda mi cólera; pero la cólera cede ante el temor. Pues ó habia concebido por mi causa ó al menos yo así lo creo: porque frecuentemente tomo por un hecho cierto, lo que no es más que posible.
Isis, tú que habitas el Paretonio, y los campos deliciosos de Canope, y Mémfis, y Pharos fértil en palmeras, y aquellas llanuras en donde el Nilo, abandonando su vasto cauce, va, por siete bocas, á llevar sus aguas al mar; yo te conjuro por tu sistro[8], por la cabeza misteriosa de Anubis, (y que á este precio el pio Osiris acepte siempre tus sacrificios, la serpiente amodorrada se arrastre lentamente en torno de las ofrendas, y en medio del cortejo se adelante Apis con su media luna sobre la frente); fija tus miradas en Corina: ahorra en ella sola dos víctimas, porque ambas recibiremos la vida, ella de tí, yo de ella. Muy frecuentemente tú la has visto, en los dias que te son consagrados, celebrar tus misterios, á la hora en que tus sacerdotes coronen sus frentes con laureles.
Y tú, que tienes piedad de las jóvenes esposas en los dolores del parto, cuando el fruto que llevan escondido busca salir de su prisión, Ilithyia, séasme propicia, y dígnate atender mis súplicas: ella merece que tú la cuentes en el número de tus protegidas. Y yo, revestido de una ropa blanca, iré á hacer ahumar el incienso en tus altares: iré á cumplir mis votos, depositar mis ofrendas á tus piés, con esta inscripcion: «Ovidio, por la salud de Corina.» Dígnate solamente dar lugar á mis ofrendas y á esta inscripcion.
Y tú, Corina, si en mi espanto, me es permitido darte un aviso, despues de una tal lucha, no aventuro una segunda.
NOTAS AL PIE:
[8] Instrumento músico.
ELEGIA DÉCIMOCUARTA.
ARGUMENTO.
A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente la gravedad de su falta.
¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate!
Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares, Thétis, no hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano.