Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que debia llevar su madre.

Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo? Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon. Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño.

Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante.

ELEGÍA CUARTA.
ARGUMENTO.

Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.

Intratable esposo, tú has atado un guardian á los pasos de tu jóven compañera: ¡pena inútil! el guardian de una mujer es su virtud. Es solo casta aquella que no se vé obligada á serlo por el temor y la que es fiel á la fuerza no es verdaderamente fiel. Gracias á tu contínua vigilancia, su cuerpo ha podido quedar intacto; su corazon es adúltero. No se sabria guardar una alma á despecho de ella, y los cerrojos entonces nada valen. Por bien que cierres las entradas de tu casa, el adúltero penetrará: quien impúnemente puede cometer algunas faltas comete menos: el poder de hacer mal enfria el deseo. Cesa, créeme, de incitar al vicio prohibiéndolo: triunfarás mucho mejor por la complacencia.

Yo ví no há mucho un corcel rebelde al freno ponerse furioso y dispararse como el rayo: despues se detuvo de un golpe, desde que sintió las riendas flotar muellemente sobre su larga crin. Nosotros corremos siempre á lo que es prohibido, y deseamos lo que se nos rehusa. Así el enfermo desea el agua que le es vedada.

Argos tenia cien ojos en la cabeza y en la frente, y solo el amor supo frecuentemente engañarle. La roca y la arena componian la imperecedera torre donde Danae fue encerrada vírgen, y allí llegó á ser madre. Penélope, sin estar guardada, quedó pura en medio de tantos jóvenes adoradores.

Cuanto más cuidadosamente se guarda una cosa, más la deseamos: la vigilancia no es más que una provocacion al ladron: pocas gentes aman los placeres permitidos. No es la belleza de tu esposa, es tu amor lo que hace buscarla; se la supone no sé qué atractivos que te cautivan. Una mujer guardada por su marido, no sea virtuosa, sino que sea adúltera, y es codiciada. Los peligros que acompañan á la posesion son más preciosos que la posesion misma. Soy sedicioso, si tú quieres, yo no amo más que los placeres prohibidos. Agrádame solo aquella que puede decir: «Tengo miedo.» Y en tanto está permitido tratar como esclava á la mujer que ha nacido libre, no usamos de esta tiranía más que con las mujeres de naciones extrañas. Tú sin duda quieres que su guardian pueda decir: «Eso es gracias á mí.» ¡Ah, bien! Si tu esposa es casta, que el honor sea todo para tu esclavo.

Es ser muy tonto, ofenderse del adulterio de una esposa: es conocer muy poco las costumbres de la ciudad en donde no nacieron sin crímen Rómulo y Remo, hijos de Marte y de Ilia. ¿Por qué tomarla bella si la quieres virtuosa? virtud y belleza no sabrian ir en compañía.