Si tú haces bien, ten un poco de indulgencia, deja ese aire severo, y no hagas prevalecer tus derechos como un esposo rígido. Acepta los amigos que te dé tu esposa; ella te dará muchos; así es como se obtiene sin trabajo un gran crédito. A este precio tendrás siempre sitio en los banquetes de una juventud juguetona, y encontrarás en tu casa mil objetos que no te habrán costado nada.
ELEGÍA QUINTA.
ARGUMENTO.
Sueño.
Era de noche, y el sueño habia cerrado mis fatigados ojos, cuando una vision vino á traer el terror á mi alma.
Sobre la vertiente de una colina expuesta al Mediodía, habia un bosque sagrado lleno de robles, cuyas frondosas ramas servian de abrigo á millares de aves. Más abajo se extendia un llano, revestido del más verde césped, y regado por un arroyo que allí arrastraba sus aguas con dulce susurro.
A la sombra de un frondoso roble traté de huir del calor; pero este se hacia sentir á la misma sombra de los frondosos árboles. Hé aquí que, paciendo en el césped sembrado de mil diversas flores, se ofreció á mis miradas una blanca vaquilla, una vaquilla más blanca que la nieve caida de reciente y que no ha tenido tiempo de transformarse en agua límpida; más blanca que la tremente espuma de la leche de la oveja que se acaba de ordeñar.
Junto á ella estaba un toro, su dichoso esposo. Se acostó á su lado, sobre el espeso tapíz de verdura. Así muellemente tendido, rumia lentamente la tierna yerba, y se alimenta segunda vez de su primer alimento; luego el sueño le quitó sus fuerzas, y creí verle dejar caer en tierra su cabeza armada de cuernos, no pudiendo sostenerla.
Al mismo tiempo ví una corneja, hendiendo rápidamente los aires, descender graznando, sobre el verde césped. Tres veces hundió el pico audaz en el pecho de la vaquilla, tres veces arrancó como copos de nieve. Despues de una larga resistencia, abandonó aquella el sitio y el toro; pero su blanco pecho dejaba vislumbrar una mancha negra. Desde que ella vió otros toros que pascían á lo lejos sabrosos pastos (porque efectivamente otros toros á lo lejos pascían) corrió á mezclarse entre ellos y tomar su parte de las riquezas de un suelo más fértil.
«Oh tú, intérprete de los sueños de la noche, exclamé, si el mio encierra alguna verdad, dime lo que significa.» Entonces el intérprete de los sueños de la noche, reflexionando sobre todos los detalles de mi sueño, me dió esta respuesta:
«El calor de que procuras guardarte á la sombra del follaje, y que no alcanzas evitar, es el fuego del amor. La vaquilla, es tu señora: tu señora es blanca como ella, tú eres el toro que seguia su compañía. La corneja, cuyo agudo pico se hundía en el pecho de la vaquilla, es aquel viejo pervertidor que corrompió el corazon de tu amante. La tenaz resistencia de la vaquilla que abandona en seguida á su toro, es el alejamiento de tu señora, quien no calentará de nuevo tu solitaria cama. Las manchas negras que afean el pecho del animal es el signo del adulterio que deshonra el corazon de tu bella.»