NOTAS AL PIE:
[11] Instrumento músico.
ELEGIA DÉCIMA.
ARGUMENTO.
A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios con su señora.
Vé aquí el aniversario de las fiestas de Céres; la jóven bella reposa sola en su lecho no dividido. Rubia Céres, cuya fina cabellera es coronada de espigas, ¿por qué, pues, el dia de tu fiesta, nos privas tú el placer? Sin embargo, oh diosa, las naciones hablan de tu munificencia, y ninguna otra divinidad es más propicia á los mortales.
Antes de tí, los groseros habitantes de los campos no cocian pan, y el área era un nombre desconocido entre ellos. Pero los robles, primeros oráculos, producian la bellota: la bellota y la yerba tierna eran todo el alimento de los mortales. Céres, la primera, les enseñó á confiar á la tierra el grano que debia allí multiplicarse, y á segar con la hoz las espigas doradas; la primera que forzó á los toros á llevar el yugo, y partió, con el corvo diente del arado, la tierra largo tiempo ociosa. ¿Quién podria creer, después de esto, que quiera ver correr las lágrimas de los amantes, y ser honrada con sus tormentos y su continencia? Ciertamente que para gozar la vida activa de los campos no tiene aspereza, y su corazon no está cerrado al amor. Tomo por testigo á los cretenses, y todo no es pura fábula en esta Creta tan ufana por haber alimentado á Júpiter. Allí se crió el soberano del imperio celeste: allí mamó con infantiles lábios una leche bienhechora. Los testigos son aquí dignos de fé: su hijo de leche es el que garantiza su veracidad, y Céres convendrá, segun creo, en una debilidad muy conocida.
La diosa habia visto, al pié del monte Ida, al jóven Yasio, cuya mano segura cazaba las bestias feroces. Ella lo vió, y de pronto un fuego secreto se introdujo en sus venas delicadas. De un lado el pudor, y de otro el amor se disputaban su corazon; el amor triunfó del pudor. Desde entonces hubiéseis visto secarse los surcos; y la tierra apenas dió tantos granos como se la habian confiado. Despues de haber, con ayuda de azadas, revuelto bien sus campos, y abierto, con la reja del arado, el regazo rebelde de la tierra; despues de haberla en todas partes igualmente sembrado el confiado labrador veia defraudados sus deseos.
La diosa que preside á las mieses vivia retirada en lo más espeso de las selvas. Las coronas de espigas se habian desprendido de su larga cabellera. La Creta sola tuvo un año fértil y cosechas abundantes. Todos los lugares por donde la diosa habia pasado, estaban cubiertos de mieses. La misma Ida habia visto sus bosques llenarse de espigas amarillentas, y el feroz jabalí se alimentaba de trigo. El legislador Minos deseó muchos años semejantes; deseó que el amor de Céres fuese de larga duracion.
La pena que tú hubieras experimentado, rubia diosa, si te hubiese sido preciso descansar lejos de tu amante, estoy precisado á sufrirla en este dia consagrado á tus misterios. ¿Por qué es necesario que esté triste, cuando tú has vuelto á encontrar á una hija, á una reina que no es inferior á Juno más que por el capricho de la suerte? Los dias festivos invitan á la voluptuosidad, á los cantos y á los festines: tales son los presentes que conviene ofrecer á los dioses señores del universo.