Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes y los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra de la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que el mar parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas muchachas. Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se acercare su cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o si el circo estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes estuvo, sino enriquecido con despojos de reyes[8]; diferid el negocio, pues entonces se apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las cabrillas se sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir: entonces, el que se confía a las olas esta cierto del naufragio.
[8] No es oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan tragedias, porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón mujeril de corresponder a ellas. ¡Qué cultura!
Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció con latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis, ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después os besará, y en seguida os pedirá se las compréis. Os dirá que las necesita ahora, y que ahora se le han de comprar; jurando quedar con esto contenta para muchos años. Si os excusáis con que no tenéis dinero en casa, os pedirá una obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra ciencia.
¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de sus años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué, no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal.
Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero de vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las palabras de los amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles con la plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses airados se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña el prometer? Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza alimenta por largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa: pero es una divinidad a propósito.[9]
[9] Una divinidad que juega mucho en los negocios del mundo.
Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada de lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los primeros favores; porque la que gratuitamente complació, continuará complaciendo. Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer antes el camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una carta, atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta en su pasión.
Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no solamente para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia tanto la amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el circunspecto senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de elocuentes. Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino un falto de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces son las cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo creíble, y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca que habláis estando presentes. Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo, no desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza. ¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio tomada.
Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en escribirla vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará de responder a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual. Acaso la primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la requiráis de amores; pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo que no ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento.
Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera, acercaos con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el oído a vuestra plática, ocultadla con la astucia de explicaros por palabras ambiguas. Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos también, y permaneced allí tanto como ella; ya yendo detrás, ya delante, ya de prisa, ya despacio sin avergonzarse de pasar por medio de las columnas[10], o de ir a su lado.