Júpiter previó la llegada de su esposa, y al momento transformó á Iö en una blanca becerra; pero aun en esta forma mantenia su hermosura. Juno alaba, aunque con violencia, la belleza de aquella novilla, y pregunta á su marido, como si estuviese ignorante, de qué toro era cria, de dónde habia venido, y á qué vacada pertenecia. Júpiter, para evitar que supiese el dueño de quien era, la respondió que la Tierra la acababa de producir. Entónces Juno se la pide como una fineza. Júpiter no sabe qué partido tomar: desprenderse de su amada le es muy doloroso; negársela á Juno le hace con ella sospechoso: el pudor le mueve á entregársela, y el amor lo reprueba. El amor hubiera vencido al pudor; pero como la solicitud de su hermana y esposa era de tan pequeña entidad como una novilla, podia creer Juno que no lo era, y así aumentarse en ella las sospechas. Entregada la concubina por Júpiter á su esposa, aun no se tranquiliza ésta, y teme de su marido que se la robe: hasta que por último la entrega á Argos, hijo de Arestor, para que la guarde.
(20) Júpiter transforma á Iö en Vaca para
ocultarla á la vigilancia de Juno.
Adornaban la cabeza de este cien ojos, y de estos, dos descansaban y dormian alternativamente, y los demas velaban y quedaban de centinela. En qualquiera parte que estuviese, jamas perdia de vista á Iö; y aun quando estaba vuelto de espaldas, siempre la tenia delante: de dia la dexaba pacer, y de noche la encerraba, y aherrojaba, lo que ella seguramente no merecia: se alimentaba de las hojas de los árboles y yerbas amargas:[61] la tierra, que no siempre está cubierta,[62] la servia de cama á esta infeliz, y el agua cenagosa era su ordinaria bebida; y quando intentaba suplicar á Argos con los brazos tendidos, veia que la faltaban para hacerlo; y haciendo esfuerzos para quejarse, solo se resolvia su voz en bramidos, cuyo eco la hacia temblar, causándola miedo su propia voz. Llegó tambien á las riberas del rio Inaco su padre, en donde acostumbraba muchas veces explayarse; pero habiendo visto en el agua los nuevos cuernos que tenia, se espantó, y queria huir de sí misma. Las Nayades sus hermanas ignoraban quien era, y aun su padre Inaco no lo sabia; pero ella seguia con docilidad á este y aquellas, de quienes se dexaba tocar, admirándose todos de su docilidad. El anciano Inaco la presentaba yerbas, que cortaba; y ella lamia y besaba sus manos, no pudiendo contener las lágrimas, y si la voz la ayudara,[63] le pediria socorro, le diria su nombre, y contaria sus desgracias: mas para suplir este defecto, le graba en la arena con el pie la triste historia de su transformacion: ¡ay desdichado de mí! exclamó el padre, pendiente de los cuernos y cerviz de la blanca novilla. ¡Ay desdichado de mí! ¿No eres tú, hija, la que he buscado por todas partes? No te hallé quando te buscaba, y te hallo ahora que no te busco: me causas mayor dolor que quando estabas perdida. ¿Por qué callas? ¿Por qué no respondes á mis palabras? Solamente arrancas suspiros de tu profundo pecho, y me contestas con bramidos, que es solo lo que puedes hacer. Yo, ignorando tu desgraciada situacion, te prevenia tálamo y teas, lisonjeándome con la esperanza de tener primero yerno y despues nietos. Pero ya tu marido y tus hijos serán del rebaño en que te hallas.[64] Esta es la ocasion en la que el ser Dios me es perjudicial, pues que siendo inmortal, ninguna esperanza me queda de que mis dolores tengan fin con la muerte; y así se prolongarán por una eternidad mis lágrimas. Quando Inaco se lamentaba de esta suerte con su hija, el estrellado Argos se la arrebata de su presencia, y la lleva á pacer por diversas partes: él ocupa á lo léjos la elevada cumbre de un monte, desde donde podia sentado registrarlo todo.
FÁBULA XVI.
SIRINGA TRANSFORMADA EN CAÑA.
No podia ya Júpiter sufrir los males á que veia expuesta á Iö; y para remediarlos, llamó á su hijo Mercurio, que es el que tuvo de Maya, y le mandó que diese muerte á Argos. No hubo en esto detencion; inmediatamente puso sus talares[65] en los pies: acomodó á sus sienes el petaso, y á su mano aquella misteriosa vara que tiene la virtud de adormecer. Luego que se acomodó en esta forma, baxó á la tierra desde el alcázar de su padre: en ella se quitó el sombrero, y dexó las alas, quedándose solamente con la vara; y baxo el disfraz de pastor guiaba las congregadas cabras por descaminados campos, tocando la flauta. Admirado Argos del sonido que oía, le habló en estos términos. „Tú, quien quiera que seas, puedes venir á sentarte conmigo en este peñasco, porque no hay un lugar mas fecundo de yerba para el ganado, y ves la sombra, que es tan regalada para los pastores.”
(21) Siringa, hija del Rio Ladon, perseguida
de Pan y convertida en Caña.
Aceptó el nieto de Atlante[66] la oferta de Argos; y despues de haberle divertido todo el dia con varios discursos, y cantado con el acompañamiento de la flauta, procuró se quedase dormido. Mas él trabaja con todo cuidado para no dexarse vencer del sueño; y aunque unos ojos dormian, no obstante velaban otros; y así pregunta á Mercurio quál era el orígen de aquella flauta que hacia poco tiempo era conocida. Entónces Mercurio le habló de esta manera: