FÁBULA III.
LOS ALDEANOS CONVERTIDOS EN RANAS.
Un castigo tan horroroso aterró de tal modo á las gentes, que así hombres como mugeres se apresuraban á competencia á honrar á la fecunda Latona, dándola con nuevo zelo las muestras indubitables del culto que acostumbraban tributarle. Y como acaece que un suceso que nos sorprehende nos trae á la memoria algun otro con quien tiene conexîon, refirió un Tebano á este propósito la venganza que habian experimentado en otro tiempo de esta misma Diosa algunos habitantes de la fértil Licia: „La aventura, dixo, no es célebre por la calidad de las personas á quienes sucedió, pero es verdaderamente admirable. He visto el sitio y el estanque mismo que hizo memorable el prodigio. Porque hallándose mi padre incapaz de viajar por su avanzada edad, me envió á comprar á aquella tierra unos bueyes, dándome por guia un hombre del pais. Como íbamos recorriendo los pastos, acertamos á pasar por las orillas de un lago donde miré un altar ennegrecido de hollin y rodeado de trémulas cañas. Paróse mi conductor, y saludando al altar: „favoreceme, dixo en voz baxa,” y yo hice por mí la misma súplica y del mismo modo: le pregunté si era aquel altar consagrado á las Náyades, Faunos, ó á alguna otra divinidad del pais.
„No está, me respondió, erigido este altar á los Dioses de estos montes, sino á la Diosa que Juno arrojó en otro tiempo del orbe, á la qual apenas proporcionó asilo la isla de Delos, que andaba flotante entonces por las aguas.” Dió á luz en ella al pie de un olivo dos hijos, á pesar de las persecuciones de su rival; quien poco lastimada del estado en que se hallaba, la obligó aun á salir de esta isla, y llevar en sus brazos los dos hijos que acababa de parir. Por esta causa llegó un dia muy cansada con el largo viage á la Licia, pais bien célebre por la Quimera.[166] Rendida del cansancio y la sed, cosa muy natural en un tiempo caluroso, y mas habiendo traido mamando á los dos gemelos, descubrió en lo hondo de un valle un lago de agua clara, y se llegó á beber á él. Se hallaba en aquel sitio mucha gente del campo cortando mimbres, juncos y demas yerbas que se crian en las lagunas; y poniéndose ella de rodillas para beber mas cómodamente, la prohibe aquella turba villana: „¿Amigos, les dice, por qué me impedis que beba? ¿No es tan comun á todos el agua como la luz y el ayre que la naturaleza nos reparte? Ruegoos no obstante me permitais beber; lo que os pido es muy poco, pues no es mi objeto el bañarme sino solo apagar mi sed, que es tan grande que tengo la boca seca, árida la garganta, y apenas puedo articular palabra: el agua de vuestro estanque será para mí el nectar de los Dioses: dexadme beber, y haré cuenta que os debo la vida que con la bebida me dareis. Si no os compadeceis de la suerte de una madre desconsolada, sed á lo menos sensible á la desgracia de estas criaturas que os tienden los tiernos brazos.” Y en efecto casualmente los extendian. ¿Á quién no hubiera enternecido esta súplica tan justa y amorosa?
Pero ellos no solo se obstinaron en negarla aquel alivio, sino que la injuriaron, y gritando, amenazaron maltratarla si no se alejaba de allí. Aun llevaron á mas extremo su insolente brutalidad, pues enturbiaron con pies y manos el agua para que el cieno que removian del hondo la impidiese beber. La indignacion de la Diosa la hizo olvidar su sed; y sin pensar ya en ablandarlos, ni en decir palabras que no fuesen dignas de una Diosa, levantó al cielo las manos y dixo: „Vivid para siempre en este estanque.” Se cumplió inmediatamente el voto de la Diosa; pues se les vió sumergir en el cieno, algunas veces sacar la cabeza y nadar sobre la superficie del agua; otras salir á descansar á la ribera del estanque, y algunos momentos despues volverse á zabullir. Pero aun emplean sus torpes lenguas en proferir injurias; y habiendo perdido la vergüenza, se congratulan baxo de las aguas con decir dicterios. Enronquecióse su voz, se hinchó su garganta, se ensanchó su boca, y se unieron sus espaldas de tal manera que desapareció el cuello enteramente: el espinazo vino á quedar de un color verde; solo el vientre, que es en extremo mas grande á proporcion de las demas partes de su cuerpo, conservó una especie de blancura: en una palabra, fueron convertidos en ranas; y se les vió saltar y zabullirse en el cieno del estanque.”
(69) Apolo, despues de haber vencido á Marsias
en un desafio, le hace desollar vivo.
FÁBULA IV.
APOLO Y MARSIAS.
Despues que no sé quien concluyó esta relacion, otro de la compañía se acordó de la aventura de Marsias,[167] vencido por Apolo quando le desafió á tocar la flauta. El hijo de Latona tomó la mas horrorosa venganza. En la hora pues en que le estaban desollando vivo, exclamó así el infeliz de Marsias: „¡Ay de mí! ¿por qué me despedazas de esta suerte? Ya me arrepiento de mi temeridad. ¡Ah! ¿Es posible que haya de costarme tan caro esta desgraciada flauta?” Le estaban desollando de pies á cabeza, quando llenaba el ayre de sus tristes lamentos. Ya su cuerpo no era sino una llaga; la sangre caia por todas partes; se veian todos sus nervios, venas, intestinos, y se podian contar fácilmente hasta las menores fibras de su cuerpo. Los Faunos y Sátiros de los vecinos montes, y Olimpo,[168] que ya entonces era célebre, las Ninfas y pastores de aquellos campos, todos lloraron su muerte. La tierra recibió todas las lágrimas en su seno, y formaron el rio impetuoso, que aun hoy conserva el nombre de Marsias, cuyas aguas son mas transparentes que las de los otros rios de la Frigia.