No disfrutó sin embargo Egeo una cabal alegría despues de haber hallado á su hijo, porque nunca se experimentan placeres completos, pues regularmente son turbados por algun disgusto. Minos se preparaba á hacer sentir á los Atenienses todos los horrores de la guerra: tenia tropas bien disciplinadas, y una esquadra numerosa; pero lo que le hacia aun mas temible era la justa indignacion que habia concebido contra este pueblo. Resuelto á vengar la muerte de su hijo Androgéo,[228] quiso antes de empezar la guerra, hacer alianza con sus vecinos, y se embarcó para ir á pedirles socorro. Despues de haber atraido con promesas á la isla de Nanfio,[229] obligó á la de Estimpalea con guerra. Tambien traxo á su partido á Cimolia, á Cithnos, Micona, Esciros, Serifo, Paros, tan célebre por sus hermosos mármoles, Sitonia, á la qual vendió la avarienta Arnéa en otro tiempo por una cantidad de oro, y los Dioses para castigarla la convirtieron en mochuelo, ave que tiene los pies y plumas negras, y en quien suponen igual propension al oro despues de su transformacion.
(78) Eaco niega á Minos el socorro que le pide
contra los Atenienses.
No habiendo podido lograr Minos socorro alguno de las islas de Didimo, Oliaro,[230] Andros, Tenos, Giarea y Pepareto, tan fecunda en olivos, se fue á Egina, donde reynaba Eaco.[231] Á esta isla llamaron Enopia los antiguos; pero este Príncipe la llamó Egina, del nombre de su madre. Salieron en gran número de la ciudad por ver á un conquistador de tanta fama. Telamon y sus hermanos Peleo y Foco salieron tambien á recibirle. El mismo Eaco, aunque de una edad muy avanzada, salió de su capital, y le preguntó qual era la causa de su expedicion. El Rey de cien pueblos,[232] renovando con este discurso el paterno llanto, le respondió en estos términos: „Á suplicarte me auxîlies en una guerra justa he venido; toma parte en la afliccion de un padre desgraciado; ayúdale á vengar la muerte de un hijo; no niegues este servicio á los manes de Androgéo. Una cosa me pides, le respondió Eaco, que no puedo concedértela, ni aun mis vasallos podrán tomar partido contigo; porque hemos hecho una alianza con los Atenienses, que las leyes mas sagradas hacen inviolable.” Ofendido Minos de esta respuesta le dixo al retirarse: „Esa alianza te costará bien cara;” pero se contentó con esta amenaza, no queriendo por entonces llevar mas adelante su venganza por no debilitar sus fuerzas.
La armada de Minos podia divisarse aun desde los muros de Egina, quando llega con velas tendidas una nave Ática, y entra en el puerto aliado; mandábala Céfalo,[233] que venia á pedir socorro contra el Rey de Creta. Los hijos de Eaco conocieron á este Príncipe, no obstante de haber mucho tiempo que no le veian; y despues de haberle abrazado, le conduxeron al palacio de su padre. Este héroe, que en una edad avanzada conservaba aun alguna muestra de su primera hermosura, llevaba en la mano un ramo de oliva,[234] y á sus lados á Cliton y Butes, hijos de Palante. Despues de los primeros cumplimientos, Céfalo expuso las órdenes que habia recibido de los Atenienses, y pidió socorro contra el ambicioso Minos, que queria oprimir la libertad de la Grecia. Para obligar á Eaco á otorgar lo que pedia, recuerda la alianza y los antiguos tratados de los dos pueblos, añadiendo para hacer mas fuerza que Minos dirigia sus tiros contra toda la Acaya.
FÁBULA VI.
LAS HORMIGAS CONVERTIDAS EN HOMBRES LLAMADOS MIRMIDONES.
Despues de haber sostenido su causa con mucha eloqüencia el Rey de Egina, apoyándose entonces sobre su cetro: „No pidais auxîlio, les dice, ó Atenienses, sino tomad quanto necesiteis. No dudeis que son vuestras quantas tropas hay en esta isla; disponed de ellas, y vayan las principales con vosotros. Tengo armada; tengo exército bastante para mi defensa y contra mis enemigos; tengo el favor de los Dioses, y tenemos por último una feliz coyuntura. Así suceda, le respondió Céfalo, y se aumente la poblacion de tu reyno, al que luego que llegué me llené de regocijo viendo que me salia á recibir una juventud tan lozana; pero echo menos á muchos que vi en otro tiempo quando estuve en tu corte.”
(79) Júpiter, por ruego de Eaco su hijo, transforma
en hombres á unas hormigas.