Seremos breves en contestar á estas objeciones.
No hemos pretendido lo que el proteccionista nos imputa. Hemos dicho que nuestra fertil naturaleza, rica en productos espontáneos, no necesita que la mano del hombre le crie trabas absurdas y que lleve su corriente natural por canales tortuosos y ficticios. Esto, como se comprende facilmente, no quiere decir que la mano del hombre sea innecesaria para la esplotacion de los frutos espontáneos por medio de sus corrientes naturales, sino que lo es la mano sacrílega que se empeña en sacarlos de sus vías naturales para darles un curso que no les es natural, lo que es cosa muy distinta.
No hemos hablado de inmigracion, por que aun no hemos terminado de rebatir los absurdos que se han sentado; cuando hayamos llegado á esa parte de sus teorías, nos ocuparemos seguramente de ella.
Si la mitad de los buques entrados en el mes pasado han regresado en lastre, es por que todos los paises tienen sus meses privilegiados para sus esportaciones, y otros en que escasean sus frutos, y por consiguiente se hacen mas difíciles los acopios. El mes pasado es justamente, lo mismo que el actual, aquel en que, en todos los años, son mas escasas las esportaciones, por que los ganados no están aun en estado de ser conducidos al mercado, los saladeros no emprenden aun sus trabajos, las cosechas de la labranza principian en toda la campaña, y al par que entran los preparativos para levantar los trigales, se principian las trasquilas, las marcaciones y demas beneficios de campo, con que se preparan los productos que en grandes cantidades entran á esportarse en Enero.
Pero el proteccionista estrangero nada de esto sabe, lo que no es estraño, pues habiendo estado tan solamente algunos dias entre nosotros, ha creido ya haber visto lo suficiente para entrar á juzgar de nuestro pais, con la seguridad con que podria hacerlo un esperimentado catedrático.
Pero si estas razones no le satisfacen, le daremos aun algunas otras que no carecen de peso.
A mediados del año pasado terminó una invasion de doce á catorce mil hombres, que agotó y arruinó nuestras posesiones y productos de campaña. En el año actual hemos estado amagados de una nueva invasion, que se realizó en el mismo mes cuya paralizacion nota el proteccionista; y durante este tiempo los trabajos se han interrumpido, y los frutos no han podido ser elaborados con la abundancia que requiere un pais verdaderamente mercantil. El fuerte ejército, que aun hoy mismo existe en pié en los campos de San Nicolas, le está diciendo los brazos inumerables que han sido arrancados al trabajo, y mostrándole de un modo evidente la causa de esa falta de productos que él atribuye á la ausencia de ese sistema corruptor é inmoral de la proteccion prohibicionista.
Hecha esta digresion, á que nos obliga la falta absoluta de conocimientos sobre la materia del proteccionista, volveremos á tomar el hilo pendiente de la discusion.
“Nos citais á Venecia—prosigue—pero Venecia cuando hubo admitido el comercio libre, estaba en una situacion de poder rivalizar con las primeras naciones del mundo, y si por una reaccion tan absurda como contraria á sus intereses, el cetro de hierro que pesa sobre ella ha consumado su ruina por la proteccion comercial, eso nada prueba contra nuestra tésis.
“Todas las naciones han procedido en su evolucion progresiva partiendo de la proteccion para llegar al libre cambio. Venecia que se habia adelantado á su hora, en la época de prepotencia comercial, hasta el libre cambio—ha retrocedido y ha vuelto á la proteccion—Ha invertido el órden de las cosas.”