Que no vengan en buena hora las clases obreras que hayan de ocuparse esclusivamente de los productos que podemos recibir mas baratos de la Europa ¿esto que nos importa? Nada—absolutamente nada, por que como lo hemos dicho ya, no es la variedad, sino el valor de los productos que elaboremos sobre lo que debemos fijarnos, y mientras, la emigracion tenga en que ocuparse, como tiene y tendrá aun por siglos en el Estado de Buenos Aires, muy poco debe importarnos que una ó mas clases determinadas de obreros dejen de llegar á nuestras playas.
Pero todas estas consideraciones son meramente generales, porque si entramos á individualizar veremos que á la sombra de la libertad mercantil no hay profesion industrial que no haya progresado y esté actualmente progresando entre nosotros.
Pero el absurdo mayor que puede citarse es el que, en un pais como el nuestro se haga mencion de la proteccion como un recurso indispensable para atraer la emigracion. Aqui donde no hay brazos suficientes para todos los trabajos que se emprenden, donde la mayor parte de las industrias del pais yacen esperando brazos para esplotarlas, donde un peon de saladero gana 100 ó 150 ps. diarios, donde un changador en medio de las calles realiza de 80 á 100 y mas pesos diarios, donde los peones á jornal ganan 20, 30 y 40 pesos por dia, donde un carpintero obtiene 50 á 80 $ y un oficial de albañil 40, 50 y 60 pesos, y todo lo demas sigue esta misma proporcion. ¿No es el mayor absurdo invocar la proteccion, y decirnos que la emigracion necesita del aliciente de la proteccion para llegar á nuestras riberas?
¿Pero, porque es que estos enormes sueldos se pagan á los jornaleros en Buenos Aires? Claro está, que por que la emigracion desde que llega halla colocaciones lucrativas, y como emplearse ventajosamente, por que si esto no fuese así, la necesidad seria desde luego el nivelador que haria bajar los salarios hasta traerlos á su última estremidad.
Este hecho positivo que sucede actualmente entre nosotros, bajo el sistema del libre cambio, nos parece el argumento mas irrecusable que podriamos citar en apoyo de la conveniencia de mantener nuestro sistema liberal de comercio y las inconveniencias que traeria consigo el sistema protector que no haria sino trastornar el nivel que por si mismo se establece en nuestro comercio, y que acabaria por arruinarnos haciendo tomar al curso de las esplotaciones del pais una via tortuosa y perjudicial.
Pero hablar entre nosotros del sistema proteccionista es traernos nuevamente á un régimen ya desconceptuado. El ha regido durante los veintitantos años de la tirania sin que hasta hoy hayamos visto que resultados ha producido al pais. Durante todo ese largo periodo todas las producciones de mano de obra, ó se hallaban espresamente prohibidas, ó recargadas por fuertes impuestos aduaneros ¿y cual de esas manufacturas ha progresado en el pais de modo que haya compensado los grandes sacrificios hechos para mantener la prohibicion? ¿Cual de esos articulos ha venido á figurar en nuestra lista de esportacion y proporcionar recursos al erario?—No se encuéntra uno solo.
Hay mas aun. Si estudiamos detenidamente los ramos de industria del pais, fácil será ver que en el corto tiempo que media entre la dictadura y el sistema liberal de comercio, adoptado bajo el nuevo régimen, estos han progresado de un modo asombroso, sin que hasta hora nos conste, que la nueva tarifa haya ocasionado que se cerrase ninguno de los talleres que se hallaban establecidos, habiendo crecido estos con asombrosa prodigiosidad, como puede verificarlo hoy mismo el mas miope conocedor de nuestras cosas.
Es ciertamente de sentirse que durante aquel tiempo de barbarie no se hubiera jamas publicado un solo dato estadístico, pues asi podriamos poner hoy con mas evidencia, ante los ojos de los proteccionistas, el verdadero cuadro del adelanto del pais en tan corto espacio, y el positivo estado de vegetacion en que han permanecido todos los ramos de nuestra industria bajo el sistema corruptor é inmoral de la proteccion, con que el tirano halagando los sentimientos locales, se afirmaba en el poder.
La verdadera proteccion, en paises nuevos, ricos, fértiles y faltos de brazos como el Estado de Buenos Aires, la verdadera proteccion consiste en la paz, las garantías individuales y la seguridad de la propiedad. Desde que la emigracion, pueda contar con campo suficiente para sus trabajos, no hay que trepidar que ella se apresurará, como lo hace ya hoy, á venir en busca de las utilidades que él le promete, sin que tengamos que echar mano de esos medios inmorales, que por favorecer á una media docena, dejan en la miseria, ó cuando menos oprimen, á millares de individuos.
Si hay alguna especie de proteccion que conviene á Buenos Aires, es la que debe nacer de sí misma por medio de la mejora de los caminos y vias de conduccion. Abranse caminos, canales, puentes, facilitese la conduccion de los frutos, haciendo que los fletes se tornen por este medio mas baratos, y entonces tendremos que nuestros productos irán ofreciendo cada vez mas utilidad á los que se ocupen en su esplotacion, y todo esto á la sombra de la paz, la seguridad y las garantías, acabará por habilitarnos para luchar con las demas naciones, no solo con los frutos que hoy se nos ofrecen espontáneamente, sino tambien con aquellos que aun yacen inesplotados, á la par de los que hoy se encuentran muy lejos de podernos ofrecer resultados para entablar una competencia razonable.