—Por eso me mandó tratar como al más miserable de sus esclavos; por eso he jurado tomar venganza de él; y por eso he venido a buscar a Vueseñoría.
—Norabuena; sosegaos que Dios mediante se lograrán vuestros deseos, y el traidor pagará su delito.
—Amén: la traición debe sufrir su pena.
—Así será. ¿Cuándo salisteis del campo?
—Esta noche.
—¿Quién mandaba en él?
—El conde don Pedro de Lara.
—¡Hola! ¿El galante, el afeminado don Pedro?
—El mismo.
—¿Y sabéis vos cuáles son sus proyectos?