—¿Y por qué no fue más gente?

—En efecto, el secreto era para confiarse a muchos.

—¿Conque en verdad murió?

—Sí, señor.

—Y el conde de Lara, gracias a tu perversidad, ha sido a su pesar cómplice de un asesinato.

—Si se hubiera estado quieto el moro en su tierra...

—Y si yo no me fiara de ti... Marcha, Lope, huye para siempre de mi presencia. Toma de mis tesoros la parte que te convenga: no te pongo tasa, pero que mis ojos no vuelvan a verte jamás.

—No, señor: la suerte de Lope está ya unida para siempre a la del conde de Lara; nos unen lazos indisolubles.

—Calla, miserable, calla, o...

—¿O qué, señor conde? ¿O qué? Nada temo. Vueseñoría no puede descubrir mis fechorías sin que las suyas salgan a luz. Estoy tranquilo en esta parte.