—Obedezco —dijo Lope, y en efecto se vistió a toda prisa.
Luego que hubo concluido tomó su puñal antes que el conde pudiera impedirlo; pero viéndole ya con él en la mano exclamó:
—Entrega tus armas, Lope; en el paraje adonde vas te serán inútiles.
—Es costumbre mía —replicó el criado.
—No importa: obedece y entrégalas.
—¡Señor! ¿Pues de qué se trata?
—De que mis criados aprendan a respetar al conde de Lara.
—No entiendo.
—Ya entenderás. Las armas.
—No. El puñal nunca: antes de entregarlo...