Por más que el conde de Candespina, empleando alternativamente las persuasiones, el halago y su amistad, se había esforzado para conseguir que Hernando de Olea no se mezclara en el suceso de Alí, no podía este caballero tranquilizarse de ningún modo. «He jurado», decía entre sí, «ser el hermano de Zulema, y debo cumplirlo: las razones del conde serán todas muy buenas; pero no me convencen; sigamos, pues, la senda que el honor me manda». Con esta resolución se puso a pensar en qué medio hallaría para cumplir con su obligación sin disgustar a su amigo, a quien respetaba como a padre; y después de haber martirizado toda la noche su pobre cabeza para encontrar el deseado expediente, se resolvió por fin a dar el paso que vamos a ver.
Al mismo tiempo que Zulema y don Gómez marcharon al alcázar, se fue Hernando a la casa del conde de Lara, quien al oír el nombre del que venía a buscarle se quedó extrañamente sorprendido. «Hernando en mi casa», se dijo, «no será para nada bueno».
Entró Hernando en el gabinete del conde, y recibiole este con muestras de cortesía y agasajo; mas el amigo de Candespina sin contestarle le dijo:
—Haced que nos dejen solos: el asunto de que tengo que hablaros es reservado.
—Voy a complaceros —contestó el conde haciendo una señal a sus criados, que al punto se retiraron—. Ya estamos solos.
Hernando sin responder dio una vuelta al aposento como para cerciorarse de que no hubiese nadie escondido debajo de los tapices; en seguida se dirigió a la puerta, que cerró con llave; y por último, desciñéndose la espada y sacando la daga que llevaba en la cintura, las puso ambas sobre un escaño. Asombrado y con no poco temor miraba aquellos singulares preparativos Lara; pero no osaba decir palabra porque conocía el carácter de Olea, y este tomando asiento frente a él empezó a hablar de esta manera:
—Alí ha muerto asesinado...
—¡Santos cielos! ¿Qué me decís? —interrumpió don Pedro, y al mismo tiempo cubría su rostro la palidez de la muerte.
—Sí, malvado, ya lo sabes, y tú eres el autor de su muerte.
—¿Hernando, a esto habéis venido?