Esta tendencia intelectual á contentarse con las causas segundas y cobijar las opiniones propias bajo la garantía de una autoridad, se hace perceptible en todas las direcciones del pensamiento chileno. No siendo caso de una crítica personal, creo que puedo, sin faltar á las reglas de conveniencia que me he impuesto, aludir á una conferencia á que he asistido en la Escuela de medicina. Se trataba de una lección inaugural, ante alumnos ya casi médicos; la competencia profesional del catedrático no es para mí dudosa—agregaré que, lejos de ser un práctico estrecho, es un espíritu abierto á las múltiples manifestaciones del arte y la literatura; él mismo me había invitado á su clase y, por fin, el campo que se iba á recorrer previamente, antes de explorarlo en sus detalles, era esa región perturbante y crepuscular de las neurosis, á cuyo estudio ningún pensador moderno puede quedar extraño ... Esperé una exposición filosófica de la materia mas obscura y temerosa de la ciencia, una crítica elevada de los métodos todavía tan vacilantes, de las conclusiones tan conjeturales aún, de los resultados terapéuticos, tan caprichosos y contradictorios como las mismas entidades mórbidas acometidas.
Sin preámbulo ni resumen alguno, sin ensayar siquiera una clasificación, el profesor entró en materia con la descripción de la ataxia locomotriz: causas, pródromos, antecedentes precursores; hizo entrar á un enfermo, pidióle que contara su historieta, comprobó en él los síntomas clásicos, marcha, pupila, reflejo de la rodilla; después de una alusión al «pansifilismo» de Fournier, prescribió el tratamiento correcto, como si fuera infalible—y cuando pensé que iba á comenzar, había ya terminado. Era la conferencia de apertura. Ni una mención de las grandes y terribles cuestiones provocadas por el estudio psicológico y social de los accidentes ó degeneraciones del mecanismo nervioso; ni una vacilación respecto de la certidumbre de la etiología y la eficacia del tratamiento. Allí no asomó la duda, que es el initium sapientiæ y la estampilla del verdadero espíritu científico. Para esos jóvenes estudiantes, se presenta el mar tenebroso de la medicina bajo el aspecto de un camino de hierro cuyos viajeros conocen de antemano el itinerario, desde el punto de partida hasta el término, con exacta indicación de las estaciones intermedias y su minuciosa filiación.
—¡Oh! ¡sabia desconfianza y prudente escepticismo de Claudio Bernard! ¡Ignorabimus fecundo de Dubois-Reymond!
Lo propio en el arte que en la ciencia. Años ha que concibieron el propósito extraordinario de adjuntarse, con gran refuerzo de estudios pertinaces y laboriosa constancia, una «Escuela normal» de bellas artes: trajeron pintores europeos,—entre éstos estaba indicado Monvoisin, correcto alumno de David, algo así como un Bello de la pintura convencional,—enviaron á Europa escuadras de artistas bisoños ... Nosotros siquiera tenemos el consuelo de que muchos de nuestros pensionados huelguen infatigablemente: éstos estudian, buscan, se aplican, se dan un trabajo de los mil demonios, vacían durante veinte años arrobas de color sobre hectómetros cuadrados de lienzo; acometen la historia, el paisaje, el retrato, el bodegón con increible perseverancia. Prolongan su aprendizaje hasta los umbrales de la vejez, vuelven para continuarlo á la sombra inspiradora de sus montañas, y enriquecen con una generosidad afligente sus colecciones nacionales de reflejos y copias de todas las escuelas conocidas—excepto de la escuela chilena. Todos ellos son discípulos irreprochables en punto á conducta y aprovechamiento; aprenden su lección con toda conciencia, y algunos, como Lira, Valenzuela, Orrego, dibujan con habilidad ó muestran cualidades reales de coloristas: pero quedan discípulos, sin gusto propio, sin iniciativa original y, lo que es más incurable, sin la tentación de una audacia feliz. Pintan y esculpen incansablemente Valdivias y Caupolicanes, batallas terrestres y navales, con un ardor patriótico que merecería recompensas en cualquier otra parte que en el Salón. Pero es lástima y gran injusticia que con el más ardiente patriotismo no se supla al genio ausente. Todavía no hay gente en casa; si bien fuera impertinencia gratuita desesperar del porvenir.
En arquitectura, ut supra. En música, no creo que sus ambiciones pasen de la Marina para la generalidad, y de Rigoletto para los iniciados. He asistido, por ejemplo, á un atentado público contra la Misa de Verdi, que borra todas mis impresiones musicales de Bolivia y Tucumán: el público aplaudía frenéticamente. Al día siguiente quise desquitarme leyendo la protesta indignada de la prensa: todos los diarios pedían la reincidencia y maltrataban al público por no haber acudido en masa á esta «interpretación nacional».—En literatura, por fin, importaron á un Boileau venezolano que les enseñó la lengua hasta el purismo, la gramática hasta la superstición; se saben al dedillo la retórica, la poética, todas las nimiedades bizantinas de la literatura preceptiva,—y ello da por resultado un ciclo poético que arranca de las odas de dicho Bello ¡y remata en los sonetos de Guillermo Matta!
Nada, por fin, revela con más elocuencia esa vocación ó tendencia irresistible para catecúmenos intelectuales y discípulos jamás emancipados, que su evolución militar: con ser el pueblo más instintivamente guerrero de América, de amor propio más celoso y patriotismo más pronto á salirse de madre, acaece que sus grandes páginas de gloria han sido redactadas por extranjeros.—Anteponiendo el orgullo patrio á la vanidad nacional, con tal de asegurarse la victoria, los oficiales y soldados chilenos soportan hoy la autoridad técnica de un jefe alemán, depositario, según ellos, de los secretos que reservan el triunfo decisivo, y quien probablemente les revelará la táctica y estrategia con tanta eficacia como Monvoisin les enseñara pintura y Courcelle-Seneuil, economía política. Podría multiplicar los rasgos concurrentes que forman esta curiosa y compleja fisonomía de pueblo sudamericano, con su espíritu á la par conquistador y disciplinado, altivo y sumiso, ambicioso de ciencia y arte sin aptitudes visibles para sabio ni artista, perseguidor tenaz de la belleza á quien espera rendir con la voluntad paciente y el esfuerzo infatigable, á falta de gusto exquisito y gracia seductora,—casi tan tímido en la iniciativa cuanto resuelto y tenaz en la prosecución. En suma: una figura enérgica y digna de estudio por sus solos contrastes intelectuales, aunque sus rasgos morales no atrajeran imperiosamente nuestra atención, en razón directa, precisamente, de su diferencia radical con los rasgos más característicos y propios de la fisonomía argentina.
Como la Macedonia, como la Prusia, Chile es deudor de su poderío actual á su pobreza primitiva. Este país oligárquico es hijo de sus obras. La vida ruda y escasa es tan buena maestra para el pueblo como para el individuo. Á sus difíciles condiciones de existencia inicial, debe sus hábitos de orden, parquedad y economía, que se han traducido con igual fidelidad y eficacia en el carácter moral del ciudadano y en la estructura orgánica de la colectividad—y, desde luego, en su administración pública, severa y proba. Sus ejércitos han saqueado desapiadada y odiosamente á los peruanos: pero sin que un sólo jefe volviera rico por un acuerdo secreto ó una transacción. Han combatido, derrocado y maldecido con exagerada y frenética pasión, esa breve tentativa de gobierno personal que ellos llaman la «dictadura», pero no se ha oído una acusación de peculado contra el dictador ni sus «cómplices», mucho menos contra sus adversarios y sucesores. Con la misma facilidad inconsciente con que funciona normalmente un organismo sano—sin elaborar principios tóxicos los aparatos encargados de mantener la salud, ni producir desórdenes internos los centros directores—aquí, la dictadura, la revolución, la restauración constitucional, se han sucedido sin que en lo esencial se modificase ni alterase el mecanismo administrativo. Ningún régimen político ha necesitado justificar su accesión al poder, prometiendo castigar fraudes y malversaciones de sus antecesores ú opositores, porque está admitido y sobrentendido que tales delitos no han podido cometerse. Salvo excepciones, la honradez administrativa es allí tan elemental como el aseo físico en persona decente. Este rasgo heredado de la colonia y transmitido á las generaciones como un depósito sagrado, no tendría casi valor positivo en Europa y apenas merecería mención: en América debe considerarse como el mayor de los elogios, puesto que es la primera razon de la grandeza chilena y el secreto de su hegemonía en el Pacífico.
Chile ha tenido sesenta años de verdadera administración: esta proposición breve y sencilla es el resumen de su historia. Ha sabido utilizar desde el origen su fuerte estructura colonial para robustecer y perfeccionar ese funcionamiento administrativo, de tal suerte que su solidez ha resistido, sin destruirse ni falsearse, á todos los choques externos ó presiones internas de las guerras y revoluciones. Todos los hechos de su historia, todos los actos de sus gobiernos, todos los documentos de su existencia semisecular, demuestran á las claras la realidad á para que la eficacia de su sano régimen constitucional. Ahora bien, en la base del edificio, lo que siempre encontraréis es la severa probidad, la economía minuciosa, la escrupulosa honradez, así en el mandatario principal como en el subalterno. Sería muestra de tanta frivolidad superficial el despreciar este elemento íntimo de la estructura chilena, como tener por secundario en fisiología el estudio de la célula—unidad primordial de los tejidos y aparatos del organismo.
En Chile, donde el duelo no se conoce sino por accidente, el sentimiento del honor bien entendido, la seriedad y vigilancia de la opinión, la consideración adherida al empleo público que confiere un certificado de idoneidad muy apreciado, han sido suficientes hasta ahora para obtener del empleado el máximum relativo de capacidad y dedicación, con el mínimum de retribución pecuniaria. Sabido es que algunas de las funciones más importantes del Estado son gratuitas, honoríficas, en el pleno sentido de la palabra; además, la mayor parte de las retribuídas establecen tanta desproporción entre la importancia del cargo y su compensación material, que debe necesariamente ser llenado con algo el vacío intermedio, y restablecido de algún modo el equilibrio. Este algo intangible es la consideración pública;—¡ay de los países donde ese humo de puro incienso no flota eternamente en el espacio!—y vuelve á la memoria la vieja proposición de Montesquieu sobre «el honor, principio de las aristocracias». Desgraciadamente, no puede recordarse sin una sonrisa la proposición complementaria acerca del régimen democrático, ¡que descansa «en la virtud»!
El estudio comparativo de los presupuestos argentino y chileno sería fecundo en enseñanza; lo he practicado teniendo en cuenta todas las diferencias que fluyen de la diversidad en la organización general—y, desde luego, el hecho del régimen federal, que sobrepone entre nosotros catorce presupuestos provinciales al de la nación. Compréndese que no me sea posible en estas notas rápidas abundar en detalles y comentarios. Pero señalo la utilidad de este estudio razonado á alguno de nuestros jóvenes publicistas. Allí verá y pondrá en pública evidencia las diversidades de carácter y organización, que se revelan claramente por la desproporción general de los sueldos y pensiones en uno y otro país. No hay necesidad de decir de qué lado están la modestia y la prudente parsimonia. El departamento que, por muchas razones, llama especialmente la atención, es el de la guerra. La comparación de lo que cuesta á Chile su ejército actual, que no alcanza á la mitad del argentino, es altamente instructivo. Al pronto, y no considerando sino los totales, las proporciones están guardadas—7 millones para Chile y 13 para la Argentina;—pero cuando se analiza la composición de las planas mayores se llega á la estupefacción: aquí 12 generales por 42 allá; 18 coroneles en lugar de 124; 40 tenientes coroneles chilenos por 190 argentinos, fuera de 100 en la reserva, etc. ¿Cómo se establece entonces el equilibrio en los gastos presupuestos? Con la dotación del soldado, con su racionamiento severamente justificado, con su sueldo de 30 pesos mensuales, casi triple del sueldo del argentino.