La navegación se torna ya cruelmente monótona; se vuelve apenas la cabeza para ver pasar las islas Chincha: tres gruesas rocas cubiertas de guano, á cuyo alrededor pululan los pelícanos y cuervos marinos, como para demostrar el origen animal, largo tiempo discutido, de ese abono, hoy casi agotado y substituído. La vida de á bordo gravita pesadamente sobre las frágiles relaciones de ayer; ya nadie se busca, ó muy poco: basta con encontrarse regularmente en la mesa y sobre cubierta. Con tanto rozarse, los cuerpos se han cargado con la misma electricidad y tienden á rechazarse mutuamente.
Como en el primer día, vuelvo á buscar la soledad disolvente y triste, en que el alma, según la deliciosa imagen de un drama indio—Çakuntalâ—que me persigue, «vuela hacia atrás, como el pendón del soldado que camina contra el viento». Dos días, un día aún ... Divisamos, por fin, al través de la niebla matinal, pintorescas aldeas encaramadas en la costa: Chorrillos, Miraflores, nombres antes risueños, hoy fúnebres; algunos fuertes se alzan en torno de una ancha bahía de agua lechosa; luego torres, campanarios, edificios apiñados: una gran ciudad entrevista por entre una selva de mástiles, en una dársena con circuito de piedra. Es el Callao ¡ya era tiempo! Al saltar en tierra, caigo en los brazos de García Mérou, y, unos minutos después, volamos hacia Lima.
IV
LIMA
Messine est une ville étrange et surannée ...
...Desde mi entrada en Lima, por la estación de Desamparados, viene zumbando en mi oído este verso de Banville (á quien por cierto no cultivo mucho), cuyos apareados adjetivos descoloridos y musicales, con no tener nada en sí de raro ni sorprendente, alcanzan en su feliz combinación no sé qué belleza indefinible, sugeridora de líneas y colores, de arquitecturas arabescas y soñadas—como ciertas páginas vagas de Quincey. Étrange et surannée ... Por algo será—por algo que no comprendo—que esa reminiscencia me persigue por todas las aceras de esta «Ciudad de los Reyes»; y daría cincuenta de mis frases menos deformes por haber sido el soldador original de esos dos epítetos. Se dice que tales hallazgos de estilo son inconscientes y fortuítos; pero acontece en esta lotería lo contrario que en la otra; á saber, que son casi siempre los hombres de talento los que sacan los números premiados. Étrange ... pero, basta ya, que veo asomar á un personaje de Molière.
Y no es, seguramente, porque Lima «le deba nada» á su entrada. Después del triste Callao, las ocho millas del trayecto hasta la «desamparada» estación carecen de interés pintoresco. La inevitable niebla matutina funde los cultivos y las colinas en el mismo celaje gris. Se divisan por momentos los cerros de San Jerónimo y San Cristóbal, que dominan la ciudad: pero ¡hemos visto ya tantas montañas! El primer encuentro del Rimac, con su hilo de agua en el enorme lecho pedregoso, es un desencanto: trae el recuerdo del Mapocho, del Manzanares, de todos esos álveos famosos que parecen haber gastado sus ondas en alimentar su nombradía. Completa la semejanza un hermoso puente «romano», como el de Toledo y ese otro de Santiago, que los chilenos no han sabido conservar ... Se pasa delante de los pobres suburbios de Monserrate y La Palma; por poco se atraviesa el Matadero ... Positivamente el vestíbulo de Lima está destituído de prestigio. Es algo así como la entrada á una casa solariega por la caballeriza y la cocina. Después de apearse en el mejor hotel,—que merecería ocupar un puesto distinguido entre las ventas manchegas del Puerto Lápice,—el forastero echa á correr por estas plazas y calles estrechas, cuya apariencia entre colonial y morisca trae un primer encanto; cuyos nombres anticuados: Inquisición, Espaderos, Virreina, Judíos ... despiden desde luego no sé qué tufillo de poesía aviejadita, trascienden á sahumerio á la vez «perricholesco» y monacal.
Las capitales seculares que alcanzan originalidad son las que condensan los rasgos dispersos de su pueblo. Entonces, esos montones de piedras y ladrillos se impregnan de humanidad, hasta el grado de ser casi personas: y lo son para mí, simbólica á par que sociológicamente. París, en verdad, es un artista; Berlín, un soldado; Liverpool, un marino; Génova, un mercader. Y esto, sin calcular ó pesar al pronto la importancia positiva del íntimo carácter: Génova, por ejemplo, tiene menos comercio que París.—Lima es la ciudad-mujer. (¡Oh! por favor: ¡reprimid esa sonrisa intempestiva!)—Es una mujer, en su porte exterior, en sus primores y achaques arquitectónicos, en su índole toda política y social, en su alma, por fin, ó sea en su historia entera, femenina y felina, infantil y cruel. Como tal hay que verla, para juzgarla con equidad. Las joyas y adornos, los afeites y colores vistosos, la excesiva coquetería ornamental, la pasión del lujo y la preocupación permanente de agradar y seducir: todo lo que nos parece ridículo y displicente en el hombre, se torna atrayente en una dama de alcurnia que ha nacido rica y vivido ajena á los problemas de la existencia material. Disculpad su vanidad pasada, su ligereza, sus imprudencias ¡es una mujer! Otras ciudades son fuertes, heroicas, grandes por el pensamiento ó la acción: Lima ha sido encantadora; era su función y su excelencia—hasta el rayo terrible que la fulminó. Escribamos de ella, entonces, sin rigorismo austero. Al levantar el velo de su dolorosa decadencia, no olvidemos que él envuelve á una herida: hablemos de la pobre viuda que fué reina, con reverencia, con ternura, con piedad ...