Esta juventud argentina me inspira inquietud. Varias generaciones han pasado por mis manos, más ó menos directamente, y conozco su fondo generoso y su inteligencia vivaz. Presencio anualmente la cosecha intelectual, y sobre darme cuenta de su insuficiencia, sé que aquélla no se renovará; para muchos el débil esfuerzo de los exámenes quedará único y definitivo: después del cultivo superficial, volverá la maleza á invadir el campo. Nosotros, los mayores, somos los culpables. Ni arriba ni al lado de ella, encuentra la nueva generación el ejemplo moralizador y severo. Nadie trabaja con perseverancia y energía, nadie soporta el peso de la meditación solitaria durante semanas y meses, nadie se arranca de las entrañas la concepción original largo tiempo incubada ... ¿Hasta cuándo seremos los ciudadanos de Mimópolis y los parásitos de la labor europea? Cortar de un sablazo heroico ese cordón umbilical de la colonia, era empresa fácilmente realizable para quien tenía altivez y valor: ¿cuándo lucirá el día de la emancipación moral, y alcanzará el intelecto sudamericano sus jornadas definitivas de Maipo y Junín?

No parece que sospechásemos el abismo que, en la procelosa derrota de la humanidad, media entre remolcadores y remolcados, entre pueblos productores y pueblos consumidores de civilización. No ser más que civilizado, es un estado pasivo y precario que debe ser transitorio: lo único que vale é importa, es vivir, en parte al menos, de la propia substancia é irradiar luz propia, siquiera sea débil y trémula. Al paso que se va conquistando el planeta, se dilatan más y más los territorios de colonización y adaptación europea, que se tornan mercados útiles ó débouchés de la productora exuberante. Son países civilizados—por ella—que fácilmente llegan á poseer, en cambio de su suelo virgen, todos los instrumentos de la civilización, desde el buque de acero hasta el libro de luz, en un todo iguales á los de allá: la única diferencia, más profunda aún para el libro que para el buque, está en que los civilizados compran lo que los civilizadores elaboran ...

Creo que muestro en las páginas siguientes cómo el grupo inerte ó violento de muchas nacionalidades hispano-americanas está condenado á vegetar indefinidamente en ese estado subalterno. Acaso las regiones tropicales no sean por ahora asimilables, y sí únicamente explotables para la civilización europea; puede que constituyan depósitos en reserva para el período futuro, cuando el planeta, enfriado en sus extremos, reconcentre hacia el ecuador la fecundidad y la vida. En todo caso, entre todos ellos, hay por lo menos dos pueblos que escapan á la ley fatal y tienen en su mano un porvenir divisable de independencia y grandeza. Sólo para con uno de ellos tengo que llenar una misión y cumplir un deber. Á éste que, por momentos, me trae el recuerdo de ese león del Paraíso Perdido, que entre todas las esbozadas creaciones del sexto día, brega por desligarse del limo nativo y sacudir al aire libre la roja melena: á éste de quien soy, puesto que es suyo todo lo mío, ofrézcole ahora este libro imperfecto y trunco, en que balbuceo lo que quizá no quiera entender ...

Cualquiera producción inspira á su autor algo de la solicitud paterna. Paréceme, con todo, que la presente estaba adherida cual ninguna á mis fibras secretas. Si la suerte le fuese adversa, figúrome que sentiría algo semejante á una herida personal. Y esto, no únicamente porque estoy siempre presente en sus páginas, sino porque este cuaderno de apuntes ha sido con toda verdad mi compañero y mudo confidente en las soledades de ese largo viaje por mar y tierra. No me separo de él sin alguna melancolía; y, por momentos, creo que si fuera tiempo aún no le lanzaría al escenario público, prefiriendo para él la existencia interna del espíritu, parecida á la de ese limbo sin sonido ni luz, donde, según la Fe católica, vagan eternamente las almas infantiles que se apagaron antes de recibir el bautismo.

Pero es tarde ya: Liber, ibis in urbem! ... ¡Que cumpla su destino y le sea clemente el aura popular! Si es actitud de simple justicia no hacer expiar al párvulo inocente los pecados del padre, acaso, el formular públicamente ese voto sea el mayor acto de humildad ...


DEL PLATA AL NIÁGARA


I