Ha sido, sin duda, un bello pensamiento, el de reunir en esta colina, que domina á Washington, los restos de millares de soldados que cayeron en la guerra civil, convirtiéndola además en un punto de paseo y peregrinación. Pero, como casi siempre acaece con las obras yankees, la grandeza de la concepción ha sido empequeñecida por las puerilidades de un mal gusto incurable. Se ha incurrido en la ingenuidad chinesca—que aquí se celebra como un hallazgo genial—de formar en batallones esas quince mil tumbas uniformes, con los jefes y oficiales al frente de sus compañías alineadas: y, bajo las encinas seculares, sobre el tapiz de flores y céspedes, las innumerables piedrecitas blancas se alargan interminablemente, en filas paralelas de una regularidad geométrica enervante. El efecto general es más mezquino que en Gettysburg.—Por supuesto que, á pesar de la última enmienda de la Constitución, los túmulos blancos no se mezclan con los negros: éstos quedan una media milla más lejos, junto á los de los refugees, señalados con una R. En el cementerio, como en la High school y la Howard University (concurrida por gente de color), que desde aquí se divisa hacia el Soldier’s Home, toda la sangre derramada y todas las proclamas no han logrado borrar el estigma indeleble. También para las tumbas de los blancos—y, desde luego, para el sepulcro del general Sheridan, que domina la entrada—se han reservado los epitafios en verso, extraídos de un «beautiful poem» del coronel O’Hara, cuyas estrofas se desarrollan en las calles de esas compañías de piedra.—The Bivouac of the Dead parece una imitación bastante prosaica de la famosa Revista nocturna de Zedlitz, en que el fuego graneado de los adjetivos remeda demasiado las salvas fúnebres; citaré la primera estrofa, ó si preferís, la primera cuadra de esta balada popular:

The muffled drum’s sad roll has beat
The soldier’s last tattoo!

No more on life’s parade shall meet
That brave and fallen few.

On Fame’s eternal camping-ground
Their silent tents are spread,

And glory guards with solemn round
The bivouac of the dead...
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Cerca de la entrada, al sud de la casa de Lee, un amplio y sencillo monumento de granito encierra los restos de dos mil soldados, recogidos en el campo de batalla y que no se pudieron identificar—the unknown dead;—y no sé por qué el sepulcro colectivo de estos ignorados despide para mí una melancolía más grandiosa y solemne que los otros millares de tumbas alineadas, como en la lista de las pensiones. Y como han de estar allí confundidos negros y blancos, leales y rebeldes, encuentro más alto y puro este símbolo del deber cívico, dolorosa é igualmente cumplido por unos y otros en esa guerra de hermanos,—en que un deudo de Washington ocupó el puesto militar que su antepasado acaso no hubiera rehuído,—y en cuyas peripecias el Norte y el Sud defendían un derecho dudoso ¡que sólo fué establecido por la victoria final!


XVII

WASHINGTON