XVIII
EL MASSACHUSETTS
I
LA VIDA SOCIAL
Al acercarse ya el término de mi paseo por estos Estados Unidos, me ocurre examinar rápidamente, en obsequio de algún viajero futuro, si el programa que me tracé era el más racional y si lo he realizado pasablemente, siquiera en sus partes importantes. Respecto al primer punto, mi conclusión es favorable; hecho el experimento, apruebo el plan seguido y siento que, á repetir la excursión, no modificaría mucho el itinerario. Citaré este solo hecho significativo en favor de mi conclusión: no he conocido á Nueva York hasta después de recorrer el oeste y el centro; ahora bien, durante mis dos estancias en la «ciudad imperial», fuera del movimiento y las proporciones mayores mil veces descritos, no he encontrado allí un solo elemento que agregase un rasgo nuevo á mi esquema general del país. No tratándose de estadística sino de sociología, afirmo, sin buscar ni rehuir la paradoja, que el gran emporio comercial del Atlántico, para quien conozca ya las otras ciudades representativas, es un factor négligeable. Es posible que, para un viajero llegado de Europa y preocupado de referir á ella su examen comparativo, fuese preferible el itinerario más natural; dado mi punto de vista sudamericano, creo que ha convenido acometer por el litoral Pacífico el estudio progresivo de la región, caminando al oriente, en sentido contrario al que ha seguido la civilización, así en el mundo antiguo como en el nuevo. Al hacerlo, parece que se faltase á la lógica, aplicando á la geografía un método opuesto al de la historia; pero es simple apariencia. La edad cronológica de una comarca suele ser lo contrario de su edad sociológica: con referencia á la civilización, yendo de Méjico á Nueva Inglaterra, se marcha en realidad como el tiempo, de lo pasado á lo presente. Por lo demás, la imagen clásica del río que nace en su propio manantial y desciende el curso de los años no es tampoco aplicable al progreso de América, que no es, en principio, más que una simple desviación y derrame del europeo: fuera más exacto compararlo con una corriente que se desprende de un vasto lago central, á manera del San Lorenzo que sale del Ontario y engruesa con su hoya propia el caudal primitivo. En todo caso, no es dudoso que, después de conocer á Nueva York y el Massachusetts, el primer efecto de California y del mismo Illinois sería muy diferente del que produce cuando se llega de Méjico.
La realización del programa ha fallado en parte por el tiempo. La ciclópea Feria ha absorbido mi atención y embarazado mis movimientos; fuera de que no son suficientes algunos meses para un viaje de iniciación. Sería indispensable un año de libre y activa permanencia para completar el análisis de los factores primordiales. Éstos, en suma, no son muy complejos ni numerosos; infinitamente más difícil y delicado es el estudio original de cualquiera nación europea. Esta inmensa comarca no presenta, sobre un fondo común é invariable, sino cuatro ó cinco aspectos distintos y característicos. Éstos, únicamente, requieren y merecen examen detenido; y para ello es inútil y hasta nocivo trasegarse de Estado en Estado, consumiendo el tiempo y fatigando la vista con el espectáculo de copias y «réplicas» del mismo original. Para quien no lleva un objeto técnico preciso, las estaciones prolongadas deben ser las que en estas páginas he señalado, sin perjuicio de las excursiones complementarias á todas las zonas de la Unión.
Para juntar los elementos de un juicio personal, sería suficiente una permanencia de un año bien empleado, conociendo, por supuesto, el observador la historia y la lengua del país, y cuidándose mucho de no disipar su actividad en frívolo turismo. El viajar durante meses, con el solo objeto de haber visto las poblaciones y parajes célebres, constituye la más estéril de las fatigas; se extraería mayor gusto y provecho de una lectura. Sobre todo, cuando se trata de sitios naturales, famosos por su belleza, las vistas y descripciones literarias han desflorado de antemano nuestras impresiones: la imaginación los fingía más bellos. Mejor dicho, las cosas no son bellas sino para los que poseen el mágico cristal de los videntes, que revela la poesía oculta bajo la prosa superficial. Y es pretensión ridícula en cualquier transeunte, el creer que descubrirá, en un sitio histórico ó natural, lo que Taine ó Flaubert hubieran visto.
Al paso que se achica, el planeta se torna más chato y monótono. Cuando la civilización niveladora haya borrado de la haz de la tierra los vestigios de la antigüedad y del exotismo, la uniformidad universal será desesperante, y las distancias aproximadas no valdrán el trabajo de ser salvadas. En un largo viaje, lo que se encuentra á cada paso es la repetición de lo que se conoce ya; y ello nos interesa precisamente en proporción de los recuerdos, es decir, de los elementos psicológicos que le incorporamos: he evocado en Belize la selva de Fontainebleau; en los Alleghanies herrumbrados por el otoño, las faldas de los Pirineos; en California, el valle de Aconcagua ó Tucumán. La naturaleza es menos varia que el humano habitáculo. Pero, si el mismo paisaje no nos interesa hondamente más que por la impregnación histórica ó legendaria que contiene ó le atribuímos ¿qué substancia imaginativa pueden encubrir estas vírgenes praderas sin huellas seculares, estas ciudades nuevas sin nobleza ni estética? Lo único que aquí retribuye la tristeza del peregrinaje es la manifestación, más futura que presente, de una variedad sociológica en formación. Y aquí, sobre todo, es cierta la palabra de Pope: «El verdadero estudio de la humanidad, es el hombre»[55]. Pero lo que vale ser estudiado del hombre no se muestra en la existencia artificial de los ferrocarriles y hoteles; el alma colectiva puede asomar á la superficie de la vida callejera, casi nunca el alma individual, la que piensa, desea, sufre á solas, y es la célula consciente del organismo social. Por eso, no sabrá nada real é íntimo de la psicología americana quien no haya ahondado lo bastante en ella para criar afectos y antipatías, agregando al juicio del espíritu la reacción personal del sentimiento.