El cacique principal y mas antiguo, Lincon, que habia sido mero espectador de la discusion hasta entonces sostenida, siendo el mas adicto á la paz propuesta, habló enérgicamente, y dirigiendo su alocucion á los disidentes, les dijo: "Que el que no estuviese por la opinion de la paz antes convenida, y pedida al gobierno de Buenos Aires, se retirase en el instante de aquella reunion con todos los suyos: que pusiesen en ejecucion sus planes hóstiles contra la provincia, que ellos tambien pondrian los suyos para escarmentar á la faccion agresora y á hacer una paz sólida y permanente, que les proporcionase un perpetua sosiego á sus familias, que hacia algun tiempo no disfrutaban por causa de los malvados: que en el momento el encargado Antiguan regresaria á dar cuenta al Gobierno de lo resuelto, y conducir á la Comision que se mantenia detenida en la Guardia de Lobos."

A virtud de este último razonamiento accedieron los disidentes, aparentando entrar todos en la paz, que quedó sancionada: y determinando, que cualquiera que dijese que el gobierno pretendia sorprenderlos ó atacarlos, por este mero hecho debia ser muerto coma perturbador de la paz; y Antiguan deberia marchar inmediatamente con un enviado de cado cacique principal, que saludase al Coronel comisionado y le acompañase en su viage, dando de este modo mas fuerza á la seguridad de su oferta y decision: cuya conferencia habia presenciado el intérprete del gobierno, que la ha referido de conformidad con el emisario Antiguan.

El 19 de Abril estuvo de vuelta á la Guardia, á los diez y nueve dias de haber salido de ella con catorca indios, parientes é inmediatos deudos de los caciques á los fines expresados, con otras varias partidas de comercio que pasaron á esta capital. La Comision, segun deja expuesto, dió cuenta puntual al gobierno, y no se ocupo de otra cosa que del arreglo y organizacion de sus trabajos, y de preparar los auxilios [{45}] de su marcha por unos desiertos de todo desprovistos, á mas de la penosa empresa que dificultaba mas, el avance de la estacion de invierno. Hubiera sido culpable en todo tiempo si se hubiese hecho indiferente á unos reclamos que por su conducto debian llegar á oidos de la superioridad. Ellos exigian que tomase una parte activa, para evitar los males que su negligencia podia haber ocasionado. Cumplia con un deber que le imponia la humanidad, para cruzar de un solo golpe la avaricia de algunos hombres, cuyas miras tendian á la destruccion de nuestra naciente labranza, posponiéndola á sus intereses privados. Grandes males debian originarse, cuando se paralizaba por algun tiempo el curso de la agricultura en un país que sin ella jamas progresará. Esta es la que constituye la verdadera riqueza de las naciones: si se aniquila ó trata de destruir, decae la industria: sin esta, la ruina de los estados es inevitable.

En todos los partidos de la campaña resonaban los clamores de los infelices labradores y ganaderos. Se habia formado una liga de propietarios para arrojar á aquellos de sus hogares, con varios pretestos que daban colorido á la injusticia, y que eran el velo que la cubria. Estos hombres, ocupados de una escomunal ambicion, procuraban eludir las mas activas medidas del gobierno; y la ley, que prescribe la proteccion de las propiedades, la hacian servir á sus intereses, sobreponiendo estos al celo de aquel, mientras que entregado á sus meditaciones benéficas, formaba los planes mas útiles de conveniencia general para la provincia. Pero el interes particular los entorpece, alejando todo aquello que estaba en oposicion, con perjuicio notable de la causa comun.

El número de esta clase perjudicial, por desgracia, se aumenta en nuestra campaña; y seguramente la destruiria, arrojando de sus poblaciones á la clase productora, labradora y ganadera, en la que está refundido este trabajo, prevaliéndose al intento de una ley publicada con un mas noble fin.

Cuando el gobierno hizo conocer al país sus verdaderos intereses, y las riquezas que en ella se encerraban, hemos visto desprenderse de la capital un enjambre de especuladores y ganaderos, y abarcar con sus fondos considerable extension de terrenos; la mayor parte de estos, poblados de antiguo tiempo, y aun defendidos de los indios por sus poseedores, sin ser propietarios. Y hé aquí que por la codicia de aquellos se han visto repentinamente hechos sus colonos; y por último, arrojados de sus hogares con sus familias y haberes, atacados con combinaciones judiciales las mas fuertes, para ejecutarlos al desalojo. ¡Qué injusticia y qué despotismo! [{46}]

No podia la Comision ser insensible al llegar á sus oidos estos clamores. No podia disimularlo sin dar cuenta al gobierno, prefiriendo los intereses particulares á la ruina de tantos miserables. No: ella llenó este sagrado deber, instruyendo sobre el particular y pidiendo un corto remedio á tan grave mal. En la sencilla exposicion hecha á la superioridad, la Comision no habló del abuso que se hizo del candor é ignorancia de los que tenian mejor derecho por su antigua posesion á una moderada composicion. Tampoco del silencio que generalmente se ha guardado de este legal impedimento por los denunciantes en sus adquisiciones, ni de los reclamos desatendidos de muchos en las posesiones judiciales: solo contrajo su atencion á hacer respetuosamente presente, se sirviese dispensar la proteccion y amparo á estas familias y á sus intereses, porque en otra forma iban á ser víctima de la miseria; perdiendo la provincia los brazos agricultores ya formados, sin otro recurso que el de la mendicidad, que no podrian soportar con resignacion, ni dejar de sentir del modo mas vivo la indiferencia con que se mirasen sus ruinas. Por último, la Comision espuso, que estos desgraciados tocaban ya la raya de la desesperacion; y no tanto se empeñaban en permanecer en sus hogares, como en procurar terrenos donde mudarse, aunque á costa de graves atrasos y quebrantos en sus haciendas y poblaciones. Que entre estos se contaba gran número de labradores, y muchos hacendados de mil, dos mil y tres mil cabezas de ganado, y á mas los tauares, caballares y de cerda. Que era consecuencia necesaria de este despojo la mengua considerable de nuestras cosechas de granos: pues los propietarios no podian sostituirlas en muchos años. Que creia oportuna una medida que acomodase á unos y aquietase á otros, contraida á prevenir, por medio de una circular á los propietarios, que en el término de un año no innovasen, ni perturbasen á los situados en sus terrenos, dentro del cual procuraria el mismo gobierno proporcionarles otros en que pudiesen retirarse con sus ganados. En comprobacion de lo espuesto, tambien añadió la Comision, que solo en el terreno llamado la Cañada del Toro, debian desalojarse mas de ochenta de estos labradores; siendo muy probable que de los demas destinos, en solo el partido de Lobos ascendiese y aun excediese el número de ciento cincuenta, y enteramente imposible que pudiera llenarse este déficit de brazos labradores.

La medida propuesta parecia cortar los males, y dejar preparados pobladores voluntarios para los nuevos destinos que meditaba establecer el gobierno, como absolutamente necesarios á la extension de la provincia. Igualmente se persuadia la Comision, que el gobierno no tendria el pormenor de estas ocurrencias, y que era sumamente interesante la conservacion de los primeros brazos del estado. Bajo de estos conceptos es, que creyó oportuno analizarlas á la superioridad, para que hiciese de ellas el uso que creyese conveniente. [{47}] A la verdad podria esta materia estenderse; pero las páginas de este diario no permiten hacerlo: el se contrae solamente al objeto principal de su tendencia. Sí se dirá, que el gobierno recibió con agrado las comunicaciones y trabajos facultativos que se le remitieron, y la parte activa que habia tomado en favor de los débiles, añadiendo que proveeria de oportuno remedio, como lo hizo y consta del Registro oficial. Encargó tambien á la Comision que prosiguiese esta misma marcha, pues en ella servia al pais y complacia sobremanera à las miras que el gobierno se proponia; no dudando que continuaria, hasta concluir la obra que habia emprendido; siendo ciertamente uno de los objetos mas dignos en que debia ocuparse.

Despues de reunidos los auxilios, calculados segun el tiempo que debiamos emplear en el viage, y con respecto á la comitiva, aumentada doblemente con la de indios, la Comision creyó no deberse detener un momento.

Dia 11 de Abril. Se emprendió la marcha, llevando los carruages que van espresados, con ocho hombres auxiliares para el arreo de ganados y un baqueano que nos señalase los pasos únicos que franquean de menos riesgo los rios Salado, Saladillo y Flores. En este dia se cumplieron los deseos de la Comision. Ansiaba ver el resultado, despreciando el peligro que por todas partes se le anunciaba: anelaba poner en planta sus reducidos conocimientos en beneficio del pais, que la honraba con un encargo de tanta importancia. Los descubrimientos y adelantamientos que podrian hacerse en el viage en una campaña desierta, fértil y llena de hermosuras, era la idea constante que nos acupaba: por ella estabamos prontos á sacrificar nuestra existencia, como se transmitiesen á la luz los conocimientos que adquiriesemos: el poder ser autores de alguno era lo que deseabamos, y esto nos compensaria al mérito que se creyese habiamos contraido: que se adelantase la geografia de este país, confusamente conocido en su interior, era el objeto mas digno y mas importante á que se nos destinaba: nuestras facultades y proporciones eran muy escasas; pero nuestra constancia y aplicacion todo lo vencia: el riesgo era inminente, pero lo despreciabamos, como se lograse el objeto que nos proponiamos.