Dia 16. Claro y hermoso: viento N, 42° NO. A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha con rumbo SSO 12° O, no verificán[{55}]dolo mas temprano por haber precedido un reconocimiento que los baqueanos hicieron hasta el paso del Rio las Flores, con el objeto de vadear los pasos de muchos bañados que se hallan desde el punto de la parada hasta aquel. Desde aquella hora hasta las 12, caminamos la major parte del camino por bañados dificultosos de transitarse con carruage, hasta el otro lado del rio, en donde hicimos alto: el rumbo SSO 12° O, con que salimos. Se caminaron 2-½ leguas por un bañado formado por dos cañadas; la primera que nace desde el punto de salida, y corre de NE á SO, la que se extiende por el camino, hasta unirse por medio del mismo á otra que corre al rumbo dicho, distante dos leguas de ella. De esta última aun se esparcen sus aguas mas adelante, como ¾ de legua, ó menos, desde donde comienza un grande albardon de buen terreno, hasta el paso de las Flores, de 1-½ leguas de extension al rumbo andado, formando una gran planicie, hermosa y horizontal por los tres cuadrantes: de buenos pastos, tierra negra y vegetal, abundante de yerbas medicinales y flores odoríficas, ciervos, gamos, avestruces, liebres, mulitas, perdices, y toda clase de aves de caza que allí se encuentra, haciéndose mas abundante en la ribera del rio: estas aguas, que forman estos bañados, desembocan en el Arroyo de las Flores, siguiendo el rumbo dicho: su nivel es superior al resto del camino, y disminuye repentinamente como 4,000 varas del paso, formando una planicie horizontal por donde corre el rio. A las 12 lo pasamos, no dando mucho trabajo á los carruages, aunque sus barrancas son elevadas; pero los transeuntes naturales lo han allanado un poco con su tráfico continuo, en donde puede pasar cualquier clase de rodado, y al que le dan el nombre de Paso de las Toscas: sus barrancas pasan en todo su curso de diez á once pies de altura. En su paso se observa que el rio corre de O 22° S á N 38° E: su paso es de tosca: su agua colorada, densa y salada, mucho mas que la del nombrado Salado: su profundidad no excedia de 2-½ pies à 3: su velocidad no era constante, por la diferencia de nivel que se halla en su plan; pero en varios lugares donde se observó, recorria un cuerpo colocado en su superficie, un espacio de 50 pies en 28" de tiempo, y en otros parages mas y menos, pero en lo general la distancia calculada: la tierra de sus contornos es greda: su ancho es 42 pies generalmente; en él se halla pescado bagre en abundancia, y su cauce limpio sin maciegas, ni aun en sus barrancas. Efectuado el paso, se hizo alto en la ribera austral para descansar las cabalgaduras y despachar á una partida de milicianos que se nos franqueó por el Coronel del regimiento de campaña residente en Lobos, para que nos condujesen el ganado y caballada hasta este punto, desde el cual debian regresar incontinente á nuestra llegada. En efecto, en el mismo dia se les despachó, [{56}] gratificándolos la Comision, y con oficios de agradecimientos á su gefe: al mismo tiempo, el capitan cona hizo presente á la Comision, que algunos indios que nos acompañaban, estaban destinados y encargados de sus correspondientes caciques, que en el momento de nuestro arribo á este punto debian adelantarse á dar cuenta á ellos del lugar en que nos hallàbamos, y de acuerdo con la Comision, nuestro compañero determinó que al dia siguiente saldrian dos chasques, el primero hijo del cacique principal Avouné, y el otro para el cacique Lincon. A peticion del cona, se les proveyó de yerba y tabaco para su viage hasta los toldos; pidiendo al mismo tiempo se les obsequiase á los caciques con los mismos artículos, y con especialidad á su hermano el cacique Huilletrur y demas, quedando preparados los enviados para marcharse al dia siguiente.[2]

Dia 17. Amaneció nublado: brisa fuerte S 10° E: parecia que una tempestad, que se formaba al S, debia descargar muy pronto. A las 8 calmó la brisa, y en el momento cubrió el horizonte la niebla que impedia seguir la marcha, porque los baqueanos, con la tormenta y este inconveniente, temian perderse. A los 8-½ despejó en algun tanto, y la tormenta variaba de rumbo, lo que nos determinó á seguir la marcha, la que se efectuó á esta misma hora con rumbo S 12° SO, por un terreno elevado, horizontal y duro: à la hora de jornada siguió el viento anterior con mayor fuerza, despejando enteramente la niebla, apareciendo nublado la atmosfera. A las 12 hicimos alto en la márgen de un pequeño juncal á la izquierda del camino, para descansar y seguir la marcha despues de mediodia, distante del arroyo 4-½ leguas al rumbo dicho. El juncal, ó pequeña laguna, no excedia de 200 varas de circunferencia: su agua mala, é inabordable por los pantanos que lo rodean: á las 9-½ elegimos la marcha, siempre con el viento S en cara, el que à las 2 despejó enteramente el horizonte: á las 6-¼ de la tarde y á 4-½ leguas de la parada de mediodia, hicimos alto en la márgen de una hermosa laguna, llamada por los indios de Nulquiñeu. Antes de llegar á ella, como á 35 cuadras de distancia, se encontró un hermoso lago de mas de 1300 varas de circunferencia: buena agua, bastante profundidad, llena de junco en su centro, situado en un terreno elevado, abundante de leña de duraznillo y biznaga en sus márgenes. La de la laguna de Nulquiñeu es mayor, y sus calidades la hacen mas recomendable: ella pasa de 1400 varas, de buena agua: llena 2/3 de ella de junco y duraznillo: su interior barro y casi toda sin barrancas: su profundidad no excede de 3 á 4 pies: su agua colorada y dulce: abundante de maciegas de pajonal en sus orillas: una parte de ella, que mira al primer cuadrante, está cubierta de un monte de hinojo y biznaga, de donde se proveen los transeuntes á la ida y vuelta con los artículos de su comercio: en ella ha habido poblaciones ó tolderias, las que se retiraron en el año pasado, cuando fueron atacados por la expedicion del O. En este espeso monte, que tiene mas de 300 varas de circunferencia, encontramos animales feroces, como tigres, leopardos, &c., que se abrigaban dentro de él: se halla situado en la parte mas elevada de su circunferencia, en terreno duro y sin pasto, ni yerba alguna. En la jornada se caminaron 9 leguas, al rumbo S 12° SO que fué constante desde el paso del rio hasta la parada, efectuada á las 6-½ de la tarde: el terreno transitado era nivelado, y su horizonte se perdia sin diferencia ninguna: sus pastos fuertes y altos, su tierra negra, abundante de yerbas y flores silvestres: cubiertos de gamos, ciervos, avestruces, caza, &a., &a. Este terreno por lo transitado era enteramente diferente del N de las Flores: su nivel, la calidad de las tierras, los pastos, las yerbas, las flores, y aun las aguas, lo distinguen de aquel: en las 9 leguas transitadas, no se encontró una sola vara de bañado.

Las indios destinados para enviados, marcharon como buenos baqueanos al rayar el dia, dando siempre fuego al campo sin interrupcion, á poca distancia que andaban; telégrafo adoptado por todos para comunicarse sus novedades, y hacer saber el lugar en donde se hallan. Pasamos la noche sufriendo una fuerte helada, que cayó desde las 7 de ella hasta las 7 del dia siguiente.

Dia 18. Claro y frio: brisa suave S: la niebla cubria el horizonte, haciendo un frio extraordinario. A las 11 vimos el sol, que despejó y calmó el frio: á esta hora nos pusimos en marcha con rum[{58}]bo S 4° SSO: á la 1-½ leguas se cambió de rumbo al SSO á las 12-¼ de la tarde, y se caminaron con él ¾ de legua: á las 2 se cambió nuevamente al SO, con el que se caminaron 1-¼, á donde se hizo alto en la orilla de una laguna llena de junco, á la derecha del camino. Estas variaciones tuvieron efecto á causa de no encontrarse aguada para hacer la parada, transitando por un terreno seco, duro y elevado, semejante en sus calidades al descrito en el diario anterior. Su nivel el mismo y sin interrupciones: sus pastos iguales: abundante de caza, y al mismo tiempo de mosquitos y tábanos, que con el sol hacian insufrible la marcha, y fastidiaban á las cabalgaduras. De esta plaga abundan estas campañas despobladas, y desde nuestra salida hasta este lugar la hemos encontrado, pero con major abundancia en la parte opuesta de la ribera de las Flores. Esta plaga se destruye, ó gana los pajonales, en donde se abrigan, desde las 5 ó menos, de la tarde; cuando la brisa continua del 3.^er cuadrante reina en aquella hora, y sucede la helada ó fuerte rocio, que obliga á cualquier viagero á arroparse y guarecerse de las tiendas, para hacer mas llevadero los trabajos de la marcha, por un pais desabrigado y espuesto á la mas cruda intemperie. Esta operacion nos veiamos obligados á egecutarla, siendo enteramente imposible proseguir la jornada con la luna por este inconveniente, al que no resistirian las mejores cabalgaduras. La laguna en donde se hizo alto, se componia toda ella de junco, y era pantanosa en sus márgenes: su agua regular, su circunferencia de mas de 200 varas, y abundante de buenos pastos en mas de 6 cuadras de radio, tomada como centro de una circunferencia. En ella pasamos la noche, sufriendo la helada que imposibilitaba que la jornada del dia siguiente se hiciese temprano, hasta que el sol no tuviese 40° á 45° de elevacion sobre el horizonte.

Dia 19. Amaneció nublado, amenazando agua, aunque con brisa fuerte O 20° NO que parecia debe pasar pronto: á las 6-¼ de la mañana nos pusimos en marcha con rumbo SSO. A la partida nos advirtió nuestro amigo y baqueano cona, que mas adelante no se encontraria leña, ni tal vez agua, y que se cargase toda la que se pudiese, por si acaso no se encontraba: lo que asi se efectuó. Se observó por la mañana, á las 6-½ al rumbo S 10° SO, dos mogotes de la sierra, los que á la simple vista eran imperceptibles, mezclados con el nublado y cerrazon de la mañana, y la distancia en que se hallaban de mas de 18 leguas. Informados de los naturales, nos digeron que era la llamada Sierra de Curacó; que los dos mogotes que se divisaban, pertenecian á esa misma sierra, y que algunas leguas mas adelante veriamos mas claramente su encadenamiento con otra, llamada [{59}] Sierra Amarilla, que quedaba mas al S. Seguimos la marcha con el rumbo dicho, y el dia no aclaraba, calmando la brisa del O y preparándose para llover, lo que nos impedia cada vez mas que, al aproximarnos á la sierra, fuesemos descubriendo sus ramificaciones y sus vistas. A las 10 se hizo alto en la costa de una pequeña laguna llena de maciegas, á la derecha del camino, distante 3-¼ leguas del punto de salida: allí se hizo alto, con objeto de descansar, y caminar despues de mediodia: el juncal con agua no pasaba en circunferencia de 150 varas, lleno de barro y mala agua. A la 1h 10' seguimos la marcha con rumbo S 12° SE, y desde esta misma hora comenzó á llover incesantemente: pero á pesar de esto, seguimos hasta completar la jornada: á la 1-½ leguas de camino con este rumbo, se cambió al rumbo S 35° SE para encontrar aguada y pastos regulares para hacer la parada. Con él se caminó 1-½ leguas, en donde se halló una laguna pequeña, como de 50 varas de circunferencia, con un depósito de agua llovediza y buena, en donde se hizo alto. La agua seguia á las 4 de la tarde en que se paró, y permanecia cerrado el horizonte: deseabamos que cuanto antes se aclarase, para descubrir las vistas de la sierras por donde debiamos pasar.

El terreno transitado en esta jornada, era nivelado y horizontal, sin diferencias ningunas: buenos pastos y elevados; caza abundante; tierra negra sólida y vegetal; abundante de yerbas y flores campestres, aunque sin aguadas permanentes mucha parte de su estension.

Dia 20. Nublado, calma: brisa muy suave del NO; á las 7-½ vimos el sol, y en el momento volvió á nublarse. A las 6 nos pusimos en marcha con rumbo SSO, descubriendo con bastante claridad las sierras de Limahuida y Curacó, demorando el mogote de la primera al rumbo S 12° SE, y la segunda al rumbo SSO. El cerro de la de Curacó era de mayor elevacion que los que se veian de la otra, no obstante que aun no se descubrian con claridad por el dia aturbonado, y aguardabamos á la parada para determinar su perspectiva de un punto fijo, y con mayor claridad si se despejaba el horizonte. Seguimos la marcha con el rumbo dicho, guiados por el cona, quien á ½ legua de distancia á vanguardia, recorria todos los lugares en donde se encontraba aguada ó lagunas capaces de hacer la parada; guiando y descubriendo al ingeniero, uno de los de la Comision, para reconocerlos de un modo que no diese que sospechar, así se lograba que la Comision averiguase las particularidades del terreno. A las 10 de la mañana se hizo alto en la márgen de una laguna pequeña, á la izquierda del camino, llena de maciegas y buena agua, 4 leguas distante [{60}] del punto de salida: en el rumbo hubo variacion: con el de la salida se caminó 1-¼ leguas: con el rumbo S 16° SO, 1-¾ leguas, y con rumbo S 12° SO, 1 legua. Desde este punto observábamos las sierras con alguna claridad; ellas son hermosas, aunque de poca elevacion: presentan una perspectiva agradable, formando las dos ramificaciones un seno ó abra, al que nos dirigimos. Ellas son ramificaciones de las primeras, Volcan, Tandil, &c ya descubiertas, pero estas no se encontraban en ninguna carta, y nos sorprendimos cuando con el rumbo andado encontramos estas sierras, pues creiamos que el encadenamiento primero de las dichas no continuase al NO como se descubria, formando con ellas una union subversiva, reunido aquellas su orígen ó su principio. Al pasar por ellas determinamos observar la latitud, para de este modo fijar su verdadera posicion y el curso de sus continuas ramificaciones, que se prolongaban al NO por la de Curacó en donde concluyan, y en donde se halla el nacimiento del Rio las Flores. Estas sierras, ó primera cadena, se introducen á las pampas del NO, comenzando desde el paralelo de los 37°, y concluyendo en el de los 36° 30' en su prolongacion al occidente. Deseabamos acercarnos hasta su paso, para hacer allí la observacion, de manera de no ser vistos por nuestros indios que nos espiaban.

A la 1h y 8" seguimos la marcha, con rumbo S 8° SO, á una laguna pequeña que nuestro baqueano nos indicó se hallaria á poca distancia y muy inmediata á la sierra: en efecto á la 1-¾ leguas con aquel rumbo la encontramos, en la que se hizo alto, por hallarse las cabalgaduras fatigadas, y encontrarse allí leña y agua buena, capaz de proveernos de ambos artículos, y continuar al dia siguiente el camino; siendo al mismo tiempo lugar propio para la observacion que tratábamos de hacer. El punto en que nos hallábamos de parada era el mejor para aquella, situado en medio del seno formado por las ramificaciones de las sierras de Curacó y Amarilla. Con cautela se hicieron descargar los baules en donde venian colocados los instrumentos de observacion, y se dejaron preparados para la noche, de modo que ni el cona, ni sus compañeros lo trasluciesen. La tarde se hallaba despejada y hermosa, el sol se puso á las 5h y 26' de la tarde, y desde el punto de parada se sacó la perspectiva de las sierras, que se nos presentaban á los rumbos en donde hemos dicho demoraban.

La parte de terreno transitado, desde la salida del mediodia, era de la misma naturaleza que los anteriores descritos: algunas diferencias de nivel se observaban por su aproximacion á las faldas de la sierra: la tierra era gredosa y arenisca, y se hallaban algunas piedras en el tránsito: los pastos cortos, y no tan fuertes como los [{61}] anteriores; abundando la caza de ciervos, gamos y liebres, mas que en los campos del norte.

El oficial ingeniero de la Comision, á su salida de la capital no perdió los instantes que se le presentaban para adquirir todos aquellos conocimientos y datos que sirviesen para hacer mas apreciable de las ciencias las observaciones que practicase en el curso de su comision, como se verá mas adelante en sus trabajos. Reunió todos los datos de las tablas astronómicas y del almanaque nautico, para aprovechar la feliz oportunidad que se presentaba de determinar por observaciones cientificas los puntos principales de un terreno desconocido y lleno de preciosidades, que debian aumentar los conocimientos geográficos de esta parte interesante de la América meridional, cuyo viage debia reputarse como necesario y urgente; y al mismo tiempo esperar de él los mejores conocimientos en el vasto campo que nos presentaba una naturaleza virgen.