Pasamos sosegados todo el dia. El gobierno interior de esta pequeña tribu y su organizacion son enteramente diferentes de las demas: no se alborotó en toda el dia, ni hubo el mas pequeño desórden en nuestro campo. La voz del viejo cacique, era allí respetada como un oráculo, y su conducta con esta poblacion, era la de un padre de familia que se desvelaba en la educacion y felicidad de sus hijos, hacienda una recíproca union y enlace de unos con otros. Toda la poblacion es una misma familia, y sus bienes comunes á todos. Dia 30. Despejado y muy ventoso[34]: brisa fuerte del tercer cuadrante ó SO: amaneció el horizonte cubierto de helada: nuestras tiendas de campaña no resistieron, á pesar de ser fuertes: se pasó toda la nieve al lado interior, y por consiguiente el terreno circunscripto en su circunferencia, apareció lo mismo que el resto del campo. Seguramente no hemos visto ni sufrido una helada mayor, ni una noche mas cruel, pero no dejamos de sorprendernos al observar á los habitantes de esta pequeña poblacion, principalmente al sexo femenino, que al rayar el dia saliesen de sus habitaciones á bañarse á las riberas de la laguna. La madre de familia, mas diligente que el varon, salia con todos sus hijos y criados á este ejercicio, que generalmente se practica todos los dias, aun en los mas crueles del invierno: no habia pasado media hora, cuando ya veiamos sobre la laguna á todas las gentes de la poblacion en el baño, y los esposos y la juventud, aun recreándose en la ociosidad y holgazania en sus inmundas habitaciones. Nos sorprendió igualmente que á la par de las indígenas, en quienes no era estraño esta costumbre, lo hiciesen algunas jóvenes cautivas que servian de esclavas. Este acto á la verdad lo presenciamos, y observamos que no lo egecutaban forzosamente, sino que en fuerza de la costumbre, encontraban en él un rato de placer; no obstante que en una jóven bien parecida que sufria esta suerte, le era insoportable este duro trance que forzosamente se lo hacian egecutar. Ella, al parecer, como otras que la acompañaban en su desgracia, eran de buena cuna, y educadas ciertamente en una vida bien diferente. ¡Cuan sensible, cuan lastimoso nos era ser frios espectadores de la desgracia de estas infelices, víctimas de la miseria, sin poder correr á su socorro! Ellas lo imploraron varias veces, para que legalmente propendiésemos, por medio del pacto con los caciques sus amos, á sustraerlas de esta dura esclavitud; pero á pesar de los repetidos esfuerzos que hizo la Comision, para practicar esta diligencia, su resultado fué ninguno ó insignificante. Cada amo de una de estas víctimas se creia tener en ellas un tesoro, que ciertamente contaba con él, afianzando su tenacidad en no ceder á ningun trato que no fuese una suma, ó especies equivalentes que pidiesen: los caciques en esta parte no podian determinar nada, porque hasta la violacion de la propiedad de sus súbditos no llega su poder: mucho menos cuando ellos eran interesados, y ponian todos los medios de su génio, para sustraerse de entrar en tratados sobre una materia que era contraria á sus intereses, y que de su generosidad nada iban á conseguir, sino perder sus tesoros infructuosamente, consiguiendo de este modo aparentar una paz mas ó menos éfimera, porque no podria llamarse tal, sino accedian á un sinnúmero de ilegalidades que se reclamaban por la Comision, para conseguir un resultado que, si no era el mas firme, era por entonces el que se deseaba; y de lo contrario dar cuenta de lo acaecido, y hacer ver que la voz de paz aislada, sin entrar en pactos por ambas partes, era un acto [{106}] ilegal, é insignificante, que no haria mas que aumentar la mala fé, y que su resultado seria una quiebra inevitable.

Mientras tanto, ¡qué dolor! Si los parientes y deudos inmediatos de estas desgraciadas no podian disponer de la suma necesaria para su rescate, debian permanecer en la miseria: muchas de ellas no los tenian, porque habian perecido á manos de sus opresores: otras, aunque los tuviesen, eran por su estado ó egercicio unos aldeanos ó labradores que jamas en el resto de su existencia podian adquirir una suma tal. Se veian por último desamparadas de todo auxilio; violado su pudor con el trato mas bárbaro que en sociedad de hordas puede presentarse, y sufriendo la vida mas cruel que la naturaleza puede ofrecer.

Nuestra sensibilidad, al presenciar este cuadro lastimoso y aflictivo, no podia menos que pagar el justo tributo á la naturaleza: nos convencia al mismo tiempo de la necesidad de una medida capaz de cortar este mal, que nos aniquilará, si pronto no acudimos al remedio: nuestra poblacion fronteriza dentro de poco desaparecerá, lo mismo que nuestras poblaciones de industria, y servirán para aumentar la suya, como lo hemos visto, y privarnos de los brazos industriosos que forman la riqueza de nuestro pais. Las guardias del Salto, Rojas, Pergamino, Areco, Lujan, Navarro, &c., &c., hasta las costas del mar del sud, las hemos visto en otro tiempo encerrar establecimientos pingues, y una poblacion correspondiente à su industria: y ahora ¿qué vemos? Vemos la primera arruinada y desolada, por tierra sus edificios, muertos sus habitantes á manos de sus enemigos ó infieles, y cautivas sus familias y sus bienes: la segunda y tercera han corrido la misma suerte repetidas veces, quedando sus campos y poblaciones desoladas, sostituidas por nuevos pobladores: las demas las hemos visto, que á las que no han sorprendido y arrasado, han robado y cautivado las familias de su campaña, quedando toda la línea de frontera, excepto la Guardia del Monte, en un estado deplorable: atrasada considerablemente la poblacion, perdida la industria, y aumentada la de los indios, acrecentando su poder y su espirítu militar para repetir estas escenas.

Estas observaciones deben suministrar al Gobierno los conocimientos precisos para tomar una medida acertada, ó al menos darle á conocer el carácter de las tribus vecinas, para incitarle á poner todos los medios que le aconseje la prudencia, para que aquel enjambre de víctimas vuelva á disfrutar de la educacion que recibieron de sus padres, en su suelo natal, y bendiga á la mano bienhechora que las libertó del cautiverio. ¡Cuan dulce y placentera deberá ser la sensacion que cause á la autori[{107}]dad que cumpla con este sagrado deber como padre de su pueblo, y como el único en donde se hallan los recursos que este le ha confiado! Estos males no se ignoran, y creemos que el Gobierno, que tan sabiamente ha dado impulso á nuestra civilizacion y prosperidad, no descuidará este objeto interesante, y afiance de este modo el engrandecimiento de nuestro pais y su futura felicidad.

Pasemos á lo ocurrido en este dia. El cacique Lincon, nuestro hospedario y amigo, que así se habia declarado, interesándose por nuestro feliz éxito, no perdia un momento para comunicarnos las noticias ó medidas que se debian tomar. Por la mañana se llegó á nuestro campo, y despues de saludar á la Comision, hizo presente que parte de los chasques que habia enviado el cacique Neclueque no habian marchado, y que habian tomado la determinacion de comunicarle que hiciese todo el esfuerzo posible para que la Comision no pasase mas adelante de este destino, pues que el Sr. Coronel se hallaba enfermo, los carruages en mal estado, y las cabalgaduras del mismo modo: y que así invitase á los que debian reunirse, que lo hiciesen en esto punto, que no habia diferencia ninguna en que así lo efectuasen, evitando de este modo algunos malos pasos é incomodidades á la Comision. El viejo cacique exhortó é impuso del mismo modo á todos los caciques, para que lo hiciesen con los demas caciques de la reunion: su diligencia y buena disposicion nos hacia creer que de su hombria de bien no habia que dudar, y que teniamos en todo trance un defensor constante, que pondria todos los recursos de su fuerza y opinion para no faltar á los principios de su conducta con la Comision. A pesar de los recuerdos que el cacique Neclueque habia hecho por medio de sus chasques á la Comision, no estábamos enteramente persuadidos cual era su opinion ni su caracter, ni su posicion, ni influencia con los caciques Ranqueles, ni con las tribus Aucases y Huilliches; y por consiguiente, aun cuando manifestase buenos deseos en sus embajadas de hacer paces, esto no era suficiente, si no influia en su opinion y respetos para que los disidentes entrasen en liga. Por su posicion veiamos que podia ser interesante entrar en amistad con él, porque vulgarmente oiamos nombrarle con respeto y confianza entre todos. Desde nuestra salida de la frontera, por las noticias y anécdotas que habiamos oido de este cacique, habiamos formado de él algun concepto. Pero estabamos persuadidos de que no seria un paso infructuoso entrar en tratados, aunque insignificantes, para esplorar su carácter, y entrar en relaciones mas íntimas. Al mismo tiempo, aunque habia algunos obstáculos en pasar adelante, por no saber el punto adonde debiamos dirigirnos, creiamos que era ya mucho llegar á reconocer el terreno [{108}] y la hermosa Sierra de la Ventana, que demoraba muy próxima á nuestra situacion, y que buscando las ocasiones el oficial ingeniero de internarse, como lo deseaba con anhelo, pudiésemos agregar todos esos reconocimientos à nueutras cartas, y á la geografia de este pais, principalmente el de un punto que nunca habia sido observado científicamente.

Estos deseos nos hacian sentir la necesidad de avanzar, aunque sufriésemos algunos trabajos, prefiriendo el adelantamiento de los conocimientos topográficos á todo otro atraso que pudiese ocasionarnos. El cacique Lincon nos habia prometido que, en caso de seguir adelante, no nos abandonaria, ni menos los caciques Aucases, aunque se hallaban destinados para acompañarnos, y representar su tribu durante los pactos celebrados con sus vecinos los Ranqueles. El cacique Neclueque no pertenecia, segun las indagaciones que haciamos, ni á los Aucases, ni Ranqueles, mucho menos á los Huilliches, porque habita en puntos muy distantes, en donde se nos aseguró tenia su residencia. No pertenecia á los primeros, porque ocupaba el terreno de los segundos, ni pertenecia á estos, porque sus antiguos predecesores eran de la primera tribu, hasta el último nombrado Callmegue, hermano suyo, que murió en una de las incursiones en la frontera de Navarro, y á quien sucedió como el mayor de los hermanos de los que existen. Sus relaciones con ambas son continuas, y en los pactos, incursiones ó tratados, es consultado por las dos, sin pertenecer á ninguna.

Por la mañana, mientras el cacique Lincon visitó nuestro campo, se procedió al reconocimiento de una laguna, que se nos informó habia á una ó dos millas de esta posicion, al SO. En efecto à 16 cuadras por este rumbo la encontramos, con un baqueano que nos condujo á ella. Su magnitud no excedia de 400 varas de circunferencia: su profundidad diez y doce pies en su centro, disminuyendo hasta 4-½ y 5 progresivamente en sus orillas: buena agua, fondo de arena y tosca, límpia en todo su interior, algunas pequeñas barrancas de dos y tres pies de altura; situada en un terreno sólido y elevado à la planicie descrita, con pastos abundantes, en un terreno desigual, y tierra negra y muy seca.

En la circunferencia de la laguna se hallan algunos ranchos ó toldos de algunos indios, pertenecientes á la misma jurisdiccion del cacique Lincon. El número de habitaciones eran seis, y su poblacion de 100 y mas personas: entre ellas tres mugeres jóvenes cautivas, de 16 á 18 años, y un jovencito de seis años. El número de la pobla[{109}]cion no pasa de 600, en los que se cuentan 200 hombres capaces de llevar armas. El de cautivas ya lo hemos espresado, y seguramente se nos aseguró que se habia ocultado mucho à la noticia de nuestra llegada á sus poblaciones. Las demas divisiones que se reunieron y tenian sus poblaciones á 10, 12 y 14 leguas, no conducian á ninguno de estos desgraciados; y su número, ó total en esta tribu no se pudo calcular. El cacique Ancafilú sabiamos qne tenia en sus toldos algunos mas, y tambien de los demas caciques. La tribu de los Ranqueles sabiamos positivamente era en donde existia el mayor número, como los que habian asolado la frontera del O y concluido con su poblacion: los que en el comercio interno de una tribu con otra, habian procurado cangear á sus vecinos los Pampas sus cautivos Chilenos ó Araucanos por sus cautivos de la provincia de Buenos Aires: y en efecto, este comercio se habia hecho tan activamente, que los esclavos que generalmente tenian, eran Araucanos, quedándoles algun número de prisioneros para hacer su comercio con mas lucro. Muchos habian entrado por el cange, porque su vecindad con la frontera, y las proporciones que podrian tener para fugarse, como estaba sucediendo, les hacia perder en el momento su presa: otros no solamente por esta razon, sino porque con la llegada de la Comision temian que se los hiciesen entregar forzosamente, despues de concluidas las paces. Los Ranqueles, que generalmente estaban en guerra con sus vecinos los Araucanos, tenian cautivos ó prisioneros de estos, ó ya esclavos comprados á los mismos en su comercio con los Andes, que provenian de las guerras interiores de las tribus Araucanas, y los prisioneros pasaban á manos distintas en cambio de especies con las que hacian su comercio los primeros. Estos, temerosos, por la misma razon que tenian los otros, de la fuga de sus esclavos á su pais, proponian y efectuaban el cange por nuestras cautivas; las que no podian escaparse de su poder por la distancia en que se hallaban, y para hacerlo, tenian que arrostrar grandes peligros. Ellos sabian que distaban de entrar en pactos con la provincia, para tener que entregarlas, y aun cuando así lo efectuasen, jamas entregarian su presas como lo hacian los Pampas, segun lo hemos dicho mas arriba.

Dia 1.º de Mayo[35]. Despejado y hermoso: viento fuerte del NO, fresco: por la mañana, aun no habia parecido el sol sobre el horizonte, y ya se hallaban sobre el lago las familias de los indígenas, recreándose en el baño. La mañana era muy fria: la helada aun existia sobre el campo, la agua de la laguna estaba escarchada: pero la naturaleza de estos vivientes, acostumbrada á esta operacion diaria, vencia estos obstáculos de la estacion, que nos parecian intolerables. Nos ocupamos por la mañana hasta mediodia, en reconocer la campaña vecina, y nada encontramos de particular, sino las calidades descritas.

Permanecimos en este punto, aguardando los chasques enviados al cacique Neclueque el dia anterior, y cuya contestacion debia determinar nuestra marcha al punto de reunion que se indicase. El dia siguiente de su salida, se nos aseguró volverian con la contestacion, porque no distaban mucho las poblaciones de dicho cacique, 7-½ leguas al OSO, habiendo que atravesar algunos arrojos y malos pasos, hasta llegar á ella.