Dia 3. Nublado y calma, brisa fuerte del SE. A las 12 del dia vimos el sol, la niebla y cerrazon de la mañana lo habian impedido hasta entonces: en el momento volvió a toldarse, amenazando lluvia, impidiéndonos de este modo el ver la sierra y el hacer algunos reconocimientos, no obstante que la niebla nos hubiera favorecido para que no fuésemos vistos cuando los practicásemos; siendo indispensable internarnos por entre las mismas poblaciones de indios, solos y sin baqueano, guiándonos solamente con la aguja, para no perdernos á la vuelta con la densidad de la niebla. El objeto principal que nos conducia, era averiguar los orígenes de los arroyos, y reconocerlos hasta donde fuese posible, y despues de esta dificil operacion, observar las alturas y detalles particulares de la sierra, avanzando hasta donde las circunstancias nos permitiesen, para trabajar con mejor éxito. Por la mañana dispusimos todo para emprender el viage, llevando tres ó cuatro soldados, que cargasen ocultamente los instrumentos que pudiesen ser necesarios para la práctica de las operaciones en el terreno.
Aguardábamos antes de partir algun resultado del cacique Neclueque, en contestacion à los chasques que se le habian enviado, y al intèrprete mismo, que aun no habia llegado; para saber de este modo la ùltima resolucion de la invitacion ultimamente hecha por dicho cacique á todos los Ranqueles de la misma clase, [{116}] porque nuestros trabajos no se podian efectuar si habia algun movimiento, ó miras siniestras qne descubriesen los disidentes contra la Comision: mayormente cuando el cacique Lincon por la mañana, al saludar à la Comision, le participó que sabia extraordinariamente que los caciques Ranqueles manifestaban ideas hostiles contra la Provincia y Comision, que no querian reunirse à tratados, y sì continuar la guerra. Que opinaba se aguardase sosegadamente al intèrprete, y con la contestacion del cacique y la narracion de este, determinar lo que debia hacerse. En efecto, á las 12 del dia llegó el intèrprete, y hablò al Coronel comisionado, dándole cuenta de lo ocurrido, diciendo: que habia tenido una conferencia favorable con el cacique: que la Comision no dudase un momento de su sinceridad y buena fé: que era el primero que gustoso se presentaria à entablar una negociacion, sosteniendo otros principios que los que se habian puesto en planta en la primera reunion por hombres que presidian estas tribus, y que habian sido talvez los que ocasionaban la morosa ò dificultosa transacion con la tribu Ranquel; porque tan solamente los intereses particulares se habian dejado entreveer, desatendiendo la felicidad de su pais, y los intereses generales de su pueblo. Que el cacique le habia suplicado hiciese todo esto presente á la Comision, y que le participase igualmente los hechos que habia presenciado èl mismo, y su conducta con los caciques disidentes. El intèrprete añadiò, que durante su morada, habia sido testigo de varios chasques que habia enviado à todos los caciques, principalmente a los ulmenes, ó principales, Pablo, Calimacuy, Joaquin, Antenau, Grenamon, &c, para que se reuniesen al pacto en el punto donde la Comision habia hecho alto: que habia sido desairado otras tantas veces en sus invitaciones, contestando con razones vagas é inconducentes que alegaban para no asistir, y que en los preliminares para el pacto en cuestion se habian recordado ciertos ofrecimientos que el Gobierno les habia hecho. Que el uno era una promesa, que por conducto del capitanejo en rehenes se les habia comunicado, sentándose como un principio que jamas se quebrantaria, y como base de lo que debia practicarse: el era que el Gobierno debia remitir, como presente, por la Comision, 50 aperos completos con espuelas, estribos y demas avios de plata, à mas de otros tantos sombreros finos, casacas y espadas con guarniciones de lo mismo; y que sabian lo contrario: es decir, que la Comision decia, que no llevaba semejantes especies, ni menos cosas equivalentes. Que por esta razon, y por otras infinitas que ocultaban, no queriàn hacer pacto alguuo, pues que la conducta que el Gobierno les presentaba, eran lazos y trampas, que al fin si se mostraban incautos, se enredarian en ellos, y el resultado seria manifiesto. Mayormente cuando sabian por sugetos de Buenos Aires, que à eso [{117}] tendian las miras del Gobierno, y que su conducta lo manifestaba claramente. A mas de que, ¿porquè la Comision habia observado esa conducta desfavorable hàcia ellos en los primeros pactos con sus vecinos los Pampas, distribuyendo los artìculos y especies diferentes de los tratado anteriormente, que habia remitido el Gobierno para obsequiar á todos igualmente, cuando se realizase la reunion? Y porquè tampoco los caciques Pampas la observaron, y avaramente se repartieron à manos llenas lo que á todos pertenecia? ¿Y porquè al mismo tiempo la Comision no los hizo responsables de su conducta, y de los resultados que practicamente producia, y las desavenencias que ulteriormente podria ocasionar? Concluyó el intérprete por último, diciendo, que estas eran las contestaciones que repetidas veces habian dado; añadièndole al cacique invitante, que los caciques Ranqueles no querian hacer un papel triste, ni menos recibir los restos despreciables que sus enemigos les enviaban, y que la Comision conducia para entablar una negociacion: que ellos se decidian à no admitirla, poniendo en planta los recursos que de su negativa eran consiguientes, es decir, una guerra interminable. Añadiò, que el cacique Neclueque se hallaba sumamente disgustado con la conducta que observaban los desidentes, y la poca justicia con que calumniaban al Gobierno, y los procedimientos íntegros y justificados de la Comision, durante los negocios que habian tenido lugar en los sucesos con la primera tribu. Su opinion estaba cimentada en otros principios, y que haciendo justicia al Gobierno y á ella, se presentaria al dia siguiente con los caciques sus compañeros y sus gentes á felicitarla, y à entablar los mejores y mas duraderos principios de una paz, que sellaria su felicidad futura, y haria honor à la Comision, despreciando esos viles pretestos, tan injustos como siniestros y cavilosos que se alegaban para no entrar en tratados.
Con esta contestacion y estos principios, fàcil era tomar una resolucion: pero la oferta del caciqne era menester que fuese correspondida del mismo modo y con la misma franqueza que su corresponsal lo hacia, y al efecto se hacia preciso demorarnos en aquel destino, hasta aguardar la reunion de este y demas que quisiesen hacerlo. Mientras tanto el oficial ingeniero de la Comision, que escuchó esta narracion hasta llegar à su resultado, aprovechando la oportunidad, marchó[39] sin pèrdida de instantes al objeto que se proponia, con los cuatro soldados armados y municionados, por lo que podia ofrecerse en el curso de sus operaciones, internandose á campos incógnitos y llenos de enemigos por cualquiera parte que se echase la vista.
Analizaremos sucintamente los principios vertidos por los disidentes, en justificacion de su conducta, ò como argumentos y razones poderosas que daban para persistir en sus planes. Mirados bajo el punto de vista en que deben analizarse, estaban de acuerdo con sus ulteriores miras, las que han manifestado desde el principio del siglo pasado: es decir, que siempre han fundado su conveniencia, su prosperidad y su incremento, en principios que ciertamente harian nuestra ruina y desgracia. Jamas se han acomodado à otros que no han sido el robo y el pillaje, egercidos constantemente sobre nuestras poblaciones fronterizas, y que les han proporcionado fortunas, y procurado, à costa de los pobladores de aquella parte de la campaña, su engrandecimiento y un considerable aumento en sus ganados de toda clase, en especies, en cautivas ò esclavas: sin que les costase mas que presentarse à nuestros paisanos, enmascarados, las caras pintadas, y armados con una caña y piedras: agregàndose á esta pantomima un poco de valor caracterìstico y emprendedor, calidad conocida en todo indìgena, y principalmente en esta tribu, que tiene un génio mas guerrero que las demas limìtrofes.
Esta conducta, ventajosa para ellos, los ha enriquecido á costa nuestra, desde tiempos atras: así, si la abandonasen serian unos incautos, porque ¿qué males han experimentado en sus incursiones á nuestra frontera? ¿Qué pérdidas, qué escarmientos, qué matanzas ó carnicerias se han hecho con ellos en las distintas épocas en que han desplegado sus miserables líneas a la vista de nuestros milicianos? ¿Qué detrimento, qué cautiverio han sufrido sus bienes y sus familias, en las empresas, que nuestros milicianos ó tropas que han custodiado la frontera han intentado sobre sus campos y poblaciones? ¿Cuantas veces han invadido y se han retirado sin presas, haciendo conocer à los dueños de ellas, lo necesario, que es guardarlas mejor, y los medios que deben ponerse en planta para librarse de las funestas y continuas lecciones que les ha dado la esperiencia? ¿Cuantas veces?--Pero para que recordar tristes memories, que echarian una luz sombria sobre los trabajos mencionados en esta memoria. Bastan estas indicaciones para hacer conocer cual es el objeto y el fin que se proponen nuestros rivales. Ellos conocen bien que geográficamente, por su situacion, se hallan garantidos de todo lo funesto ò desgraciado que puede sobrevenirles: ellos [{119}] no ignoran la imposibilidad de nuestros recursos, para poner en ejecucion la empresa de buscarlos en sus mismas guaridas, é indemnizarnos de lo mucho que nos han arrebatado, y rescatar los esclavos que han usurpado á nuestra poblacion industriosa. Lo conocen, no hay duda, pero llegarà tiempo en que nuestros recursos prosperen: entonces sentirán el peso de nuestra venganza, y empezarà una època diferente de aquella en donde encontraron tanto placer en asaltarnos impunemente. Llegará época, en que tengan que ir à mendigar el sustento y acampar sus tristes chozas en las faldas de los altos Andes, y llorando la suerte de sus mugeres è hijos, maldigan la conducta que por tanto tiempo observaron contra el pais que les hizo mas dulce su existencia, y les proporcionò los medios y los artìculos mas preciosos para hacerla mas llevadera con la reciprocidad del trato. No hacemos estas reflexiones con la esperanza de retraerlos de sus designios, sino para dar una idea del caràcter de estos hombres, y de los principios que reglan su conducta.
Los pretestos que alegaron para no entrar en tratados con la Comision, no merecen la pena de rebatirlos, porque ellos mismos se impugnan. Los pretestos ó razones.... Pero ¿qué razones? La primera, la oferta del Gobierno es falsa, y nunca ha existido, ni menos pudo ser hecha al capitanejo en rehenes, como este mismo lo asegurò á nuestro retorno. La segunda, que la conducta del Gobierno hàcia ellos los impulsaba á no adherir à ninguna invitacion ó pacto. ¿Qué conducta? ¿Adonde estan las tropelias, los insultos, asesinatos, y robos, autorizados por la autoridad, para tildarle? Se dirà que se han cometido algunos en la campaña, principalmente en la frontera, por sus jueces ó comandantes de ellas, cuando pacìficamente han traficado: pero esta no es razon para culpar à la autoridad, y clasificar de pérfida è inconsecuente su conducta.
No entraremos à analizar los hechos que motivaron esos insultos, que sabemos han sufrido por el paisanage ó comandantes, no por autorizacion del Gobierno, sino por un espìritu de venganza; cuando, despues de una invasion, en donde habian cometido hechos horrorosos, aparecian con mucha frescura à comerciar precisamente al mismo punto en donde impunemente perpetraron esas atrocidades; en donde aun humeaba la sangre de las víctimas que habian inmolado, y en donde existian las ruinas de las habitaciones que el fuego habia consumido. Si entonces un deudo, ó un infeliz labrador ó hacendado, á quien habian dejado en la miseria, à mas [{120}] de haberle muerto un hermano ò hijo, y haberle cautivado su familia, cometió un hecho tal, ¡como se le puede reconvenir! En este caso, si mil tropelias, de cualquier naturaleza que fuesen, se hubiesen cometido con estos asesinos, debian tolerarse; porque los ultrages que pueden haber sufrido, han debido ser inferiores à los que nos han prodigado.
La tercera, es la conducta de la Comision observada con las tribus Pampas, perjudicàndolos en el reparto de los intereses, ó especies comunes à todos. Bastan los hechos que hemos relatado para comprobar nuestra conducta en los tratados, y desvanecer este cargo.
La cuarta y quinta son resultados de la anterior: rebatida aquella, quedan impugnadas estas, porque los pasos que dió la Comision fueron à consecuencia de la ratera conducta de ellos, como se hace manifiesto en los diarios de aquellos dias, y en las reuniones que se celebraron. Queda, pues, demostrado que sus cargos eran infundados, y que ocultan miras siniestras, y un objeto depravado y falaz, que solo sirven para dar á conocer mas á fondo el caràcter de estos traidores, y el modo como deben ser tratados. Pasaremos à lo reconocido.
El oficial ingeniero, desde las 12 del dia hasta las 5 de la tarde en que volvió al campo, hizo las observaciones siguientes:--Habiendo penetrado al interior de la sierra, hasta las faldas del mogote de la Ventana, siguiendo el curso de la ribera horizontal del arroyo Quetro-eique hasta su orígen, lo efectuò al cabo de 3-½ leguas que caminó por el rumbo S 8° SO. Las vertientes se encontraron en las faldas del mogote de la Ventana, entre una pequeña abra que tiene otros, para entrar en una pequeña planicie en donde se elevaba el monte principal, confundiendo sus cúspides con la cerrazon de la mañana. Antes de subir sus faldas era necesario atravesar dos pequeñas cañadas ó fuentes, que por el NO y S 12° SE se unian al entrar por la pequeña abra, y formaban ambos el cauce del arroyo, que no excedia de 1-½ varas, engrosàndose progresivamente con las vertientes de otros pequeños cerros que formaban la entrada de la planicie, en donde señoreaba aisladamente el de la Ventana. El cauce del arroyuelo se ensanchaba hasta ocho à nueve varas, disminuyendo al mismo tiempo su velocidad, hasta llegar al punto de nuestra parada, en donde se calculó la que allí llevaba. Marcado exactamente el rumbo y las distancias, pasó el ingeniero à reconocer todo aquel seno, rodeado de cerros menos elevados que el principal, [{121}] al rededor del cual formaban una figura circular, cuyo centro comun era el cerro. Puso en planta la mensura de una base para levantar el plano de toda aquella superficie interesante, pero la densidad de la niebla no permitia descubrir los puntos principales que debian cerrar el area, à pesar de haberla reconocido. Toda ella forma una abra, de donde nace el arroyo descubierto, de 500 pies de ancho: de allí al NO sigue un encadenamiento de colinas y cerros, de 300 y 350 pies de elevacion, que cambiando de direccion en su curso á 2,000 pies, siguen al O, disminuyendo sus alturas, hasta perderse à 1,000 y tantos pies en pequeñas colinas, formando una abra considerable de mas de 1,500 pies. Siguiendo al SE se vuelven á encontrar algunos cerros unidos por sus faldas al principal, de la misma altura, y aun mayores, de 900 pies, que corren circularmente hasta la abra, en donde se origina el arroyo. Recorrido este círculo, no distinguiamos por la parte septentrional de su lìmite la sierra de Curumualá, unida à ella por medio de una abra, que forman algunas colinas, y la separan de la principal. Sus diferentes mogotes elevados no se apercibian desde aquella posicion, mucho menos los del Guaminí que se une al Curumualá por un encadenamiento sucesivo.