¿Cómo no ha de renegar del mundo?
¿Qué le debe, sino dolor?
¡Cuántos ríos de lágrimas habrá derramado la infeliz en la soledad de su lecho!
¡Qué fiebres habrá sofocado en su corazón!
¡Qué horrorosas envidias habrán mordido las túnicas de su cerebro!
¡Qué violencia para disimular!
¡Qué torrentes de amor habrán corrido ocultos en lo más recóndito de su alma!
¡La mujer tiene que callar!—El hombre ansía, y busca: la mujer ansía, y sufre...
La hez de la sociedad es á lo menos un refugio para el feo ávido de placeres.
Pero la fea no encuentra postor en Constantinopla, ni lances de amor y fortuna en ninguna parte.