El siglo que viene, tal día como hoy, serán otros los soberanos de Europa, y se habrán vuelto feas ¡muy feas! todas las muchachas bonitas que hoy nos embelesan en los paseos y en los teatros. Pero yo siento más que nada no haber de conocer las óperas nuevas que se cantarán en la temporada cómica de 1958 á 1959.—¡Qué buenos coliseos habrá entonces! ¡Qué buenas compañías!—¿Cómo diablos se llamará la prima donna?—¡Ay! ni áun viviendo tanto como Quintana conseguiré saberlo.—Lo más que yo puedo vivir es hasta 1908.

Pero (hablando de otra cosa) sean ustedes francos, señores empresarios del teatro nuevo: ¿creen Vds. que en el siglo que viene por ahora habrán enjendrado ya las zarzuelas la ópera nacional?

—¡Qué nos importa! (dirán ustedes). ¡Nosotros ya habremos muerto!

—¡Ah! ¡ya!... Vds. son como esos forasteros que van vendiendo por los cortijos filtros y brevajes que han de producir su efecto á los tres días... El Dulcamara toma las de Villadiego con anticipación..., y á los tres días no hay quien encuentre una ópera española para un remedio.

La muerte de Quintana ha coincidido con la llegada de la Primavera.—Dícese que esta joven viene de la zona templada meridional, donde ha residido durante nuestro otoño del año último.—Llega tan hermosa y rozagante como si el tiempo no pasase por ella.

Aconsejo al Sr. Urríes que la ajuste en el Teatro Real, para bailar la parte de la Primavera en las Vísperas Sicilianas, pues la demoisselle que hoy quiere pasar por Flora no nos convence á los señores abonados.

V.
EL VERANO EN MADRID.—RECUERDOS DEL INVIERNO Y DE OTROS VERANOS.

Viernes 23 de Julio.

Hoy ha principiado la Canícula, lo cual equivale á decir que un perro rabioso es desde hoy, mitológicamente hablando, Gobernador de los cielos.—¡Bien se conoce en la tierra!

El verano en Madrid es horrible, desconsolador, bochornoso en el doble sentido de esta palabra.