¡Oh, buenas gentes! ¡Cómo envidio su metódica existencia! ¡Qué felices han sido hoy durante esas diez horas de asueto! En cuanto á mí, los criados me dijeron bon jour á las tres de la tarde, en uso de su derecho: mi sobrinillo vino á pedirme el medio duro semanal: por la mañana estuve en misa, y á la tarde á comer con Doña Torcuata: todo lo cual, unido á que los jornaleros se han puesto hoy camisa limpia, me demuestra que el almanaque no se ha equivocado por esta vez.
También ha sido Domingo IX.—Esto quiere decir que van nueve Dominicas después de Pentecostés, y que faltan diez y siete para el Domingo I de Adviento, que significa domingo I próximo á la venida del Mesías. Después hay cuatro domingos que llevan esta denominación... ¡y año fuera!
¡Como quier que se tome, el tiempo anda lo mismo! Sin embargo, el Cómputo Eclesiástico me parece más bello y consolador que ningún otro. Hay en sus periódicas fiestas algo parecido á lo que dije de las periódicas dichas de los mercaderes. Las costumbres son la vida del hombre y de la sociedad: sin ellas, el mundo se viene abajo.
Por lo que respecta á ser día de Santiago, patrón de España, y de San Cristóbal, mártir, me habían convencido de ello dos circunstancias: primera, la verbena de anoche: segunda, el aguador, que se presentó muy tarde, más cargado de vino que de agua, diciendo que hoy era su día. ¡Y no acabó de decir esto el buen Cristóbal, cuando se le cayó la cuba que llevaba á cuestas; lo cual me pareció indigno de su nombre!
Que el sol salió y se puso á las horas precitadas... ¡lo creo!—¡Así no hubiera salido!
Y, en fín, lo del plenilunio, yo mismo lo estoy viendo mientras escribo.
Y ¡qué hermoso está el astro del amor!
¡Quiera Dios que no olvide su compromiso con Acuario, de regalarnos una buena tormenta!
Lunes 26.
Santa Ana, madre de Nuestra Señora.