Indudablemente ha sido lunes, pues que no he recibido esta mañana más periódicos que la Gaceta y el Diario.
Por ser día de Santa Ana, he meditado largamente en un asunto que trae dividida la opinión en estos Reinos. Hay provincias de España en que los Marianos celebran hoy sus días, y hay otras en que los celebran el día del Dulce Nombre de Nuestra Señora.
Esto es un mal, ya que no desde el punto de vista artístico y poético, desde el punto de vista administrativo.—Mientras no haya uniformidad en las costumbres del pueblo español, los gobiernos trabajarán inútilmente por hacerlo rico y poderoso.
Dígolo, porque la misma diversidad de miras é intereses que hay en punto á Marianos, nótase en otras muchas cosas, siquiera sean menos importantes. El vasco conserva sus fueros. Andalucía necesita el libre cambio, mientras que Cataluña lo rechaza. En Valencia no se habla el castellano, ni en el Principado, ni en las Provincias Vascongadas, ni en Galicia. Madrid está infestado de escépticos, mientras Aragón y otros reinos hierven en fanáticos. Nuestras provincias septentrionales claman por descentralización administrativa, y la merecen; mientras que los meridionales no tendrían ni agua que beber si no fuera por la centralización. En un lado llevan los españoles zaragüelles, en otro calzón bombacho, aquí pañuelo en la cabeza, allá sombrero de catite...
¡Así no se regularizarán nunca la industria y el comercio! Los Congresos serán siempre de mil colores, y no acertarán á entenderse; pues cada diputado hablará el dialecto de su provincia, y querrá las leyes á medida de sus costumbres; en lo cual tendrá muchísima razón.
Lo propio digo de las horas de comer. Hácese necesario que todos los madrileños comamos á una misma hora, si no se quiere que el hombre activo (suponiendo que haya alguno en España) que tenga que ver á veinticuatro españoles á diferentes horas (á este á las doce, á aquel á las dos, á uno á las cuatro, á otro á las nueve), los encuentre á todos con la boca llena.
Y si no, reflexionemos:
A la una de la madrugada cena, de vuelta del teatro, el que comió á las seis de la tarde.
A las dos, tómase en los cafés chocolate á última hora.—Esta es la frase.
A las tres, están llenas de gastrónomos y gentes de buen humor todas las fondas llamadas colmados, andaluces y montañeses.