Me he mecido á mi sabor en campestres columpios, recibiendo el impulso de manos hermosísimas.

He dado vueltas en el tío Vivo.

He resbalado voluntariamente de espaldas, apoyado en un bastón ferrado, desde heladas cumbres á nevados valles.

He rodado sin querer, como una pelota, por la ladera de cierto abismo.

Me he arrojado desde una Montaña rusa.

He botado con b, pues con v no he podido (tal estaban las listas electorales...)—he botado, digo, siendo presa de una convulsión que suele visitarme.

He caido, de piés, de una respetable altura.

He saltado más de cuatro arroyos.

Y he hecho la belica.

Hasta aquí lo que conozco.