Veamos ahora lo que no conozco.

No he viajado en globo aereostático.

Ni en ataud.

Pero tengo esperanzas de viajar de una y otra manera, porque yo soy de los que saben que han de morirse y de los que creen y esperan que se dará dirección á los globos.

Tampoco he caminado sobre la joroba de un camello, como los árabes.

Ni sobre el lomo de un elefante, como los indios.

Ni en litera, como las damas del siglo XVI.

Tampoco he sido llevado todavía en andas.

Y digo todavía, no porque entre en mis proyectos ir á la China (sobre todo desde que ya va todo el que quiere, gracias á los cañones de Inglaterra y Francia), sino porque puedo llegar á ser Santo y salir en procesión,—que Santos hubo, ó, por mejor decir, hay en el almanaque, que á mi edad eran mucho más malos que yo, como pueden atestiguar San Agustín, San Pablo, San Francisco de Borja y otros.

Tampoco me han paseado en la punta de una pica como á la Princesa de Lamballe; pero todo me lo temo...; y eso que no soy príncipe todavía...