—¿Cómo, Marquesa? ¿V. tiene sesenta años?
—¡Sesenta años de relój! Hoy los he cumplido...—Hasta aquí me he estado quitando diez.
—¡Y los ha celebrado V. con un día de campo! ¡Qué magnanimidad!
—¡Justo!—Gradúe V. ahora toda la extensión de su desaire.
—¡Oh! estoy desesperado... ¡Castíguenme ustedes, por compasión!
—¡Sí: que se le castigue! Obliguémosle á escribir en La Epoca un artículo en que proclame todo lo que convenga á nuestros intereses.
—¡Ah! señoras!... Respeten Vds. el ente moral periódico...
—¡No hay escape! Apunte V. en su cartera.—Primeramente...
—Primeramente (repitió Matilde), diga usted que todos los hombres son unos necios...
—¡Señorita, respete V. las instituciones! ¡Yo no puedo decir eso!