UN MAESTRO DE ANTAÑO.
(FRAGMENTO DE LAS «MEMORIAS INÉDITAS DEL BACHILLER PADEAYA,» QUE SE PUBLICARÁN ÍNTEGRAS DESPUÉS DE SU MUERTE).

I.

hora me toca retratar (dice el Bachiller, comenzando el segundo cuaderno de su manuscrito) á otro de los personajes de mayor bulto y trascendencia que figuran en la historia de mi niñez; al más caracterizado sin duda alguna, después de los autores de mis días, del cura que me bautizó y de mis once amas; al que sigue, en el orden de estos recuerdos casi fantásticos, á aquellos músicos de la capilla de la catedral, que casi todas las noches iban de concierto y jolgorio á mi casa, convidados por mi buen padre; al que roturó, digámoslo así, la tierra virgen, y luego mártir, de mi inteligencia y de mi memoria, y echó, en los surcos abiertos por la palmeta y las disciplinas, la primera simiente de los llamados conocimientos humanos; á mi único maestro oficial de lectura, escritura, cuentas, religión, geografía y demás cosas que diré en su lugar oportuno; al ilustre Sargento Clavijo, en fín, que santa Gloria haya, y que de seguro estará en ella, no diré de patas ó á pié, pues esto no le satisfaría, pero sí á caballo, como Santiago y San Jorge; que tal fué siempre su postura favorita en este planeta de tres al cuarto, que llamamos mundo.