Una carretela de Lázaro, es decir, una enorme carretela de alquiler, sale por la puerta de Alcalá.
¿Adónde puede ir á tal hora?... La temperatura no está para fiestas... ¿Qué significa este madrugón?
Cuatro hombres ocupan la carretela.
Uno de ellos está en capilla: va á un desafío.
Los otros son los padrinos y el médico.
Todo está previsto por la amistad..., hasta la muerte del desafiado, el cual lleva en el bolsillo del paletót la consabida declaración de suicidio.
Pero alguien ha previsto más. Este alguien es una mujer.
Al llegar á las afueras de Madrid, el sentenciado, que va pálido y grave (no porque teme á la muerte, sino porque recuerda la vida; no porque va á encontrar al que lo aborrece, sino porque acaba de dejar á la que ama), saca un pañuelo, un elegantísimo pañuelo, ligeramente perfumado, y...
—«Toma...» le dice á uno de sus padrinos.
—«Entendido...» interrumpe éste á media voz, adivinando toda una historia de amores, muy propia de aquella vida de veinte años.