Pues bien; aunque no sepáis latín: supongamos que sois ladrón y libertino; que un grito de vuestra víctima puede perderos, llevaros al cadalso ó á la vicaría; que necesitáis en fín, una mordaza...

Sacad el pañuelo, y... punto concluido.

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—«Ven á las seis»... os dice vuestra novia, echandoos la última mirada; aquella mirada con que las andaluzas resumen una larga conversación; aquella mirada que afirma todo lo negado durante dos ó tres horas; mirada pícara y tierna, diabólica y angelical, llena de pudor y de abandono; mirada, en fín, que dura todo el tiempo que tarda la niña en cerrar la reja, cosa que hace muy lentamente, dejando á veces una rendijita, y arrepintiéndose luego, y abriendo otro poco para haceros un mohín que parece un beso en capullo...—«Ven á las seis»... os dice esa encantadora criatura, que no tiene más penas, ni más cuidados, ni más pensamientos, ni otra ciencia, ni otro oficio que el amor...; el amor, para el cual se viste y se peina; el amor, por el cual se alegra de ser bonita; el amor, en provecho del cual piensa alguna vez en eso que llaman bienes de fortuna; el amor, que la lleva á paseo y la tiene de pié toda la tarde, á ella, tan débil y delicada, que se libraría de quintas por endeble, si fuera hombre; el amor, que la conduce al teatro, á ella, que ninguna afición tiene á la literatura ni la moral, y muchísimo menos á la música italiana; el amor, que la hace madrugar y trasnochar, á ella, tan dormilona, tan perezosa, tan sibarita...; el amor, en fín, para el cual nació, por el que morirá, en el que vive siempre, y cuyo sacerdocio ejerce sobre la tierra.—«Ven á las seis»... os dice la infortunada; y vos, señor mío, temiendo que se os olvide acudir á la cita (pues tenéis muchas, porque sois un calavera), os véis obligado á sacar el pañuelo y echarle un nudo, síntesis de la mnemotecnia española.

Al otro día váis á sonaros, y encontráis el nudo...

—¡Diablo! (decís) ¿de qué tengo yo que acordarme hoy?

Y no dáis en ello, y la niña se desespera...

Pero de pronto reparáis en que el pañuelo huele á la esencia que ayer puso en él la cuitada, ó en que ella os lo regaló.

Es el caso que recordáis la cita...

Pero no la hora...