»Moriríais acompañado de nuestro amor...

»Mis hijos y los hijos de mis hijos adornarían de flores vuestra sepultura, como la del bienhechor de su estirpe...

»Tendríais defensores, mientras estuviéseis en este mundo; y gente que rogase é intercediese por vos, cuando estuviéseis en el otro.

»Y todo esto, os lo repito, desinteresadamente; pues el interés pasado no se llama interés; tiene un nombre más bello y santo: se llama gratitud.

»É interés futuro, ninguno, absolutamente ninguno, nos llevaríamos respecto de vos; supuesto que (os lo juro por la salvación de mi alma), si me diérais esos cien millones, nunca, jamás volveríamos á pediros nada, ni admitiríamos recompensa alguna por los obsequios, por las atenciones, por los cuidados que os dispensaríamos contínuamente!

»Ahora bien (y prescindiendo de vos por un momento): este gran negocio que os propongo (que ya sería muy grande para vos, aunque no se tratara de mí, que soy bueno: aunque se tratara del más ingrato de los hombres; pues ningún alma grande cobra la usura de la gratitud cuando hace una buena obra); este grandísimo negocio, repito, adquiere doble y triple importancia tratándose de una persona como yo.

»Yo soy bueno, vuelvo á deciros; pero mis bellas dotes no son sólo de corazón; son también de inteligencia...

»Y he aquí por qué me apresuro á aconsejaros que, una vez convencido (como espero que os convenzáis), de lo mucho que os acomoda desprenderos de cien millones, me prefiráis á mí entre los muchos necesitados que conoceréis y áun quizás estimaréis en el mundo.—¡Convenientísimo os sería siempre dar á cualquiera esa pequeña suma; pero dármela á mí os acomoda mucho más!

»Sí, señor; yo brillo por las grandes cualidades de corazón y de inteligencia... para gastar dinero; para hacerlo lucir; para estirar una onza... como suele decirse.

»Yo me jacto (y á justo título) de conocer perfectamente la vida y las cosas de la vida; de distinguir los placeres legítimos de los falsificados; de discernir claramente en materia de afectos y creencias; de no confundir lo positivo con lo ilusorio, tomando por positivo lo material y pasajero, ó por ilusorio lo ideal, lo poético, el sacro imperio del alma; de no trocar los frenos en punto á lo que es divino y á lo que es humano, y de saber apreciar los inconvenientes de ciertas alegrías y las ventajas de ciertos dolores.—Yo soy filósofo.