¡Oh! si V. se hubiera visto tan triste, tan yerto, tan mudo, tan solemne en su inmovilidad, tan diferente de como siempre había sido..., habría creido en la ausencia de su alma!...

Por lo demás, enterramos su cuerpo de usted en la dura tierra, como V. había deseado.

Y el cuerpo se convertiría en seguida en gusanos, en frondosa yerba, en azulado fósforo, etc., etc., como V. había previsto.

Y yo me afirmé más y más en la creencia de que su alma de V. seguía viva, al reparar en la indiferencia y el despego que me inspiró su cuerpo de V. desde el momento que lo abandonó el espíritu.

Hasta la vista, pues, señor difunto.

IV.

Mi buen amigo:

Tus hermanas dejaron tu luto á los seis meses.

A la semana siguiente las ví en un baile.

V.