Aquella batería es una torrecilla almenada, que domina á Málaga más que ninguna otra del Castillo.—Y ¡qué panorama tan sublime se descubre desde aquella torre!
Allí, montado en un obús de á 7, con el anteojo en una mano y una corneta en la otra, he pasado los días más tranquilos, más uniformes, más dichosos de mi breve, pero ya fatigosa vida...—He aquí mis operaciones diarias:
Contemplar el azul Mediterráneo, que se extendía á mi izquierda hasta donde una línea de azul más oscuro que el cielo y que el Mediterráneo marcaba, en los días muy claros, el contorno de la costa de Africa:
Ver á mis piés á Málaga, graciosa, apiñada, nueva, floreciente:
Extasiarme mirando las campiñas, que se dilataban á mi derecha hasta festonear los zócalos de las montañas:
Es decir: abarcar de una ojeada el mar, la población y el campo, no teniendo sobre mí otra cosa que la inmensidad del cielo:
Ver salir el sol:
Verlo ponerse:
Esperar por la noche á la luna, como quien espera á su novia:
Decirle ¡adios! cuando, al amanecer, caía rendida en los montes de Occidente: