¿Qué era aquello?
Acostumbrado á los simulacros de los llanos de Armilla de Granada y del Campo de Guardias de Madrid, creí que iba á asistir á un ensayo de guerra..., ¡y me alegré!
Pero ¡ah! esta vez no se trataba de un simulacro.
He de advertir que, merced al anteojo, distinguía yo hasta las caras de aquella muchedumbre, como si las viese á dos pasos de distancia.
Estaba, pues, en medio del gentío..., tocándolo con la mano...
De pronto ví salir de la ciudad y caminar hacia aquel sitio una hilera de Niños... de la Providencia, como dicen allá.
Iban con sus saquitos negros, con su melancólica apostura, con su triste condición en la frente.
¿Qué representaban allí aquellos parias de la humanidad?
Llegaron al fín, y penetraron en el cuadro, donde quedaron inmóviles, con las manos cruzadas...