¡Qué queréis! Yo gozo en eso.
Me gusta ver á la sociedad entera, representada por el Clero, la Magistratura, el Ejército y la muchedumbre popular, reunir sus fuerzas—mandando, no prohibiendo, consintiendo y no protestando—para matar á un hombre, solo, inerme, atado, enfermo, suplicante...
Me gusta, sobre todo, considerar allí varias cosas.
Y, cuando muere el protagonista, cuando cae el telón, me gusta también escuchar, ó creer escuchar, este grito, que sale, ó parece salir, de la boca de todos aquellos millares de verdugos:
—¡Alleluia! ¡La sociedad se ha salvado!...
Mientras que cada corazón va murmurando sordamente:
—¿Qué hemos hecho?
A lo que responde la conciencia:
—¡Dios lo sabe!...
Y contesta la naturaleza: