Y el Entierro, que esperaba en el río á que hubiese cadaver que enterrar...
V.
Retiré el anteojo con ira.
El espectáculo se desvaneció como un sueño.
Y me hallé solo.
Allá percibíase una mancha negra sobre el campo... Parecía la sombra de una nubecilla, y, en realidad, era un hormiguero humano.
He aquí todo.
¡Qué diminutos somos los hombres mirados desde una elevación de cien piés, ó á mil pasos de distancia! ¡Qué cómicas son nuestras seriedades, qué inciertas y risibles nuestras justicias é injusticias!
Calmóse súbitamente mi indignación.
El horror que iba á verificarse parecíame, desde tan lejos, un juego de niños, una danza de muñecos movidos por resortes, una lucha de insectos sobre la superficie de un lago.